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Desafíos y balance de las finanzas públicas en el primer cuatrimestre de 2026

Por Guadalupe del Carmen Briano Turrent

Mayo 31, 2026 03:00 a.m.

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      Al cierre del primer cuatrimestre del año las finanzas públicas en México revelan un escenario de transición y ajuste que merece un análisis detallado. De acuerdo con los informes oficiales emitidos por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y el Servicio de Administración Tributaria (SAT), los ingresos presupuestarios del sector público registraron una disminución anual del 2.2% en términos reales, ubicándose en 2.95 billones de pesos. Este comportamiento responde a una combinación de factores macroeconómicos, dinámicas fiscales institucionales y variables del mercado energético internacional que están reconfigurando el margen de maniobra del Estado. 

      Por primera vez en cinco años, la recaudación de impuestos observó una moderación en su ritmo de crecimiento, presentando una contracción real del 1.6% al captar 2.07 billones de pesos. Si bien las estrategias de fiscalización y simplificación administrativa implementadas por la autoridad tributaria han mantenido una base sólida en los últimos años, el resultado actual muestra una ligera brecha de 40,157 millones de pesos respecto a las metas calendarizadas en la Ley de Ingresos de la Federación (LIF). Este comportamiento diferenciado se hace evidente al contrastar los principales impuestos: mientras que el Impuesto al Valor Agregado (IVA) superó las expectativas oficiales en más de 30,000 millones de pesos —impulsado por la resiliencia del consumo interno—, la recaudación general se vio acotada por otros rubros.

      El comportamiento del Impuesto sobre la Renta (ISR) se colocó como el factor determinante en el balance tributario, registrando una reducción del 6.2% real acumulada en el cuatrimestre (1.14 billones de pesos) y una baja del 12.9% real en el mes de abril. De acuerdo con los criterios técnicos de los analistas financieros, este ajuste no responde a un debilitamiento estructural del padrón fiscal, sino a dos variables técnicas: un incremento estacional en las devoluciones y compensaciones de saldos a favor solicitadas legítimamente por los contribuyentes tras la declaración anual, y un ajuste en los márgenes de utilidad de las empresas derivado del ciclo económico global y regional.

      La política fiscal está intrínsecamente ligada al desempeño de la actividad productiva. La ligera desaceleración en indicadores clave de la industria y los servicios durante el arranque del año influyó directamente en la captación de recursos. Por su parte, el sector energético experimentó sus propios desafíos. Los ingresos petroleros registraron una disminución del 5.9% real anual, sumando 311,529 millones de pesos. Aunque las cotizaciones internacionales de la mezcla mexicana mantuvieron niveles estables, el comportamiento de la plataforma de producción y las necesidades operativas de la industria energética nacional limitaron la transferencia de excedentes hacia la Tesorería de la Federación.

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      Frente a la contención de los ingresos, el gasto neto total del sector público continuó su curso programado para cumplir con los compromisos del Estado, mostrando un crecimiento del 3.2% real. La actual administración ha priorizado la canalización de recursos hacia rubros de alta prioridad social y obligaciones contractuales: Las erogaciones por servicios personales e incrementos institucionales crecieron un 11.0%; el pago de pensiones y jubilaciones se expandió un 6.8%; las transferencias destinadas a los programas de bienestar social mantuvieron un incremento del 6.8%. Para equilibrar estas presiones de gasto público ante la reducción de ingresos, el presupuesto federal requirió un ejercicio de optimización, lo que derivó en una moderación del 18.4% real en el rubro de inversión física y un déficit presupuestario cuatrimestral de 220,838 millones de pesos, el cual se encuentra dentro de los límites de sustentabilidad financiera.

      Los resultados de este primer cuatrimestre del año invitan a una reflexión constructiva sobre el futuro de las finanzas públicas en México. El diseño institucional ha demostrado capacidad de contención, pero los márgenes actuales sugieren que el potencial de las medidas puramente administrativas de fiscalización entra en una etapa de rendimientos decrecientes. Mantener la estabilidad macroeconómica y el financiamiento de las políticas públicas requerirá un diálogo técnico y propositivo entre el sector público y privado. Fortalecer los mecanismos de recaudación local, incentivar la transición hacia la formalidad económica y optimizar la eficiencia del gasto serán las claves esenciales para asegurar la resiliencia hacendaria del país en los trimestres por venir. 

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