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Familia y escuela Capítulo 287: Pausa para respirar

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Octubre 15, 2025 03:00 a.m.

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Es tan vertiginoso el ritmo de vida en la que se está inmerso que, en la mayoría de las ciudades, centros urbanos y ya hasta en algunos lugares sub urbanos, rurales e indígenas se tienen las condiciones de convivir con la presión de estar acorde con la velocidad a la que se transita socialmente, con la premisa de que, de no hacerlo, se está desfasado, rebasado y hasta fuera de esta realidad.

Ya antes del amanecer de cada día se echa a andar la maquinaria, como esa locomotora de vapor que inicia su andar de manera lenta, enmohecida y rechinando, pero que apenas comienza a tomar vuelo se transforma en tren bala y se desplaza a toda velocidad recorriendo todos los lugares, formas, situaciones, tareas, asignaciones, compromisos, trabajos, escuelas y mil cosas más que, de manera frenética se deben cumplir en los tiempos precisos.

Uno, dos, tres… tic, tac, tic, tac… entradas, salidas, subir y bajar; trayectos cortos o largos apreciando siempre la hora en el reloj o en la pantalla del aparato celular; rutas sinuosas, tráfico, personas con sus propias situaciones y caminos, todos en estado de alerta constante y miradas de desconfianza entre ellos.

Cruce rápido de calles y avenidas, semáforos que apresuran organizadamente el paso de un lado a otro, con el cuidado de no solamente mirar hacia el frente, sino también de estar atentos a no ser atropellados por algún vehículo, corriendo la suerte de muchos perritos que al estar en esos cruces se sienten desorientados.

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Toda una tendencia hacia lo “fast”; en la comida toda la serie de productos orientados hacia la rapidez de la preparación y la alimentación con un “fast food”, sin siquiera dar el tiempo necesario para deleitarse placenteramente con su consumo; en la política, la rapidez de los procesos para aprobaciones de iniciativas legales mediante un trayecto legislativo concebido como “fast track” y hasta películas y contrabando de armas denominadas: “fast and furious”, reflejando precisamente un estilo de vida rápido y furioso.

Ya hasta las relaciones sociales, lo mismo que las de pareja se han vuelto abreviadamente prácticas y procesadas de manera rápida, de forma tal que ese proceso romántico, pausado y hasta de enamoramiento emocionante, se ha transformado en algo que, al apachurrar un botón, se genera un algoritmo integrado a un programa cibernético o alguna aplicación en donde se llena un perfil y friamente se cruzan diferentes variables que al hacer “match” con otro perfil, aseguran a tu pareja perfecta.

En la educación abundan los procesos abreviados, como la inteligencia artificial que ofrece resultados en cuestión de segundos; los cursos y carreras en tiempos más cortos y de forma especializada, sin recorrer todo el camino sino solamente lo necesario, ofreciendo egresar listo para sumarte a la planta productiva.

Profesores y profesoras preocupados ante la gran cantidad de contenidos de los planes de estudio que deben insertar y verter en la mente de sus alumnos y se encuentran atribulados ante el escaso y reducido tiempo que tienen para cumplir con esa encomienda, incrementado, además, su estado de angustia ante la gran cantidad de trabajo administrativo que se les exige.

Los factores económicos son otro elemento que produce un efecto de apresuramiento al intentar tener uno o más trabajos en afán de adquirir mejores niveles de existencia; si de por si, ya la actividad laboral conlleva una serie de presiones de cumplimiento de actividades, así como el desarrollar todas las funciones encomendadas en el tipo de trabajo que se desarrolle.

Es un hecho, el estilo de vida que tenemos que desarrollar para coexistir en las sociedades industrializadas y llamadas “del conocimiento”; acompañadas de procesos cibernéticos y de automatización de todos sus procesos, exige que nuestras acciones se desarrollen a un ritmo tan acelerado y vertiginoso que nos está alejando paulatinamente de los rasgos originales que todo ser humano posee y debería de desarrollar.

Desde que se despierta, se inicia ese ritmo enmarcado por normas, reglas y horarios que nos llevan a suplir el placer de vivir, por el apresuramiento de cumplir con todos los compromisos que se asignan; se respira agitadamente acompasando esa urgencia de ir rápido en esta vida, tan rápido como si fuera una carrera contra reloj.

Un ritmo de vida acelerado, con estrés crónico y malos hábitos, puede causar enfermedades físicas y mentales, incluyendo problemas cardíacos, hipertensión, diabetes, obesidad y trastornos digestivos. También aumenta el riesgo de sufrir de ansiedad, depresión, síndrome de burnout y puede afectar negativamente al sistema inmunológico.

Es urgente: ¡pausa para respirar!

Resulta claro que todos respiramos, pero lo hacemos de manera inconsciente; lo hacemos porque tenemos los órganos y características físicas para realizar esa maniobra aeróbica; sin embargo no me refiero a esa respiración natural y de sobrevivencia, sino a hacerlo de manera consciente y dirigida.

Otorgar un corte en un tiempo determinado y de ser posible en un lugar adecuado, para realizar esa acción de introducir aire de manera lenta y profunda a nuestros pulmones y dirigirlo a diversas partes de nuestro cuerpo.

Pausa para “desaparecer” todas las presiones y apresuramientos a las que estamos sometidos y extraernos de esas realidades, haciendo un espacio a manera de cápsula aislante que nos permita hacer llegar hasta el último rincón de nuestro cuerpo la calma y tranquilidad que se provoca con esta forma de respiración.

Cerrar los ojos por un par de minutos e imaginar lo que a cada quien le provoque el complemento perfecto para respirar dirigidamente: la imagen de una persona, un paisaje o lo que te transmita la confianza de permanecer “a ciegas” mientras alimentas tu cuerpo con esa nutritiva bocanada de aire.

Nada me extrañaría si esta práctica que lleva no más de cinco minutos se introdujera oficialmente como parte de una pausa en los salones de clase de todos los niveles educativos o fomentadas en las dinámicas familiares, como parte de una necesaria educación integral.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx