La Estrella Roja
El equipo yugoslavo mantuvo un estricto aislamiento para proteger a sus jóvenes figuras antes de la final.

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Estamos cerca de que arranque una nueva temporada del torneo de clubes más prestigioso del mundo, la Champions League, hoy adaptada a sus nuevas modalidades de competencia. Sin embargo, en los tiempos donde el formato era de eliminación directa de "matar o morir", existían escuadras legendarias provenientes de países que hoy no figuran como potencias financieras. Por ello, vale la pena recordar a uno de esos gigantes del pasado.
El Estrella Roja de Belgrado se proclamó campeón de la Copa de Europa (hoy Champions League) en 1991 tras vencer al Olympique de Marsella en una dramática tanda de penaltis (5-3), luego de un empate a ceros en el tiempo regular y tiempos extras.
Aquella final se disputó en Italia, en el Estadio San Nicola de Bari. El conjunto yugoslavo arribó a la región seis días antes del partido e instaló su concentración en un centro de entrenamiento en la localidad de Monopoli, a 40 kilómetros de Bari. Su entrenador, Ljupko Petrovic, impuso un estricto blindaje: nadie podía visitar a los jugadores, ni familiares ni desconocidos. La verdadera estrategia detrás de este aislamiento era evitar que los directivos de los clubes más poderosos de Europa tentaran a sus jóvenes figuras antes del silbatazo final, pues medio continente ya suspiraba por ellos.
Entre las grandes joyas de aquel Estrella Roja destacaba Robert Prosinecki, quien tras la final emigró al Real Madrid (y años más tarde militaría en el Barcelona); Darko Pancev, el mortífero goleador macedonio que después marcharía al Inter de Milán; Siniša Mihajlovic, para mí uno de los tres mejores cobradores de tiros libres de la historia, quien brilló en Italia con la Sampdoria, la Lazio y el Inter; Dejan Savicevic, un auténtico superclase que vistió la 10 del Milan y volvió a ser campeón de Europa marcando un golazo monumental ante el Barcelona; y Vladimir Jugovic, (mi favorito) quien también pasó a la Sampdoria antes de coronarse bicampeón europeo con la Juventus anotando el penal decisivo.
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Pero vencer al Marsella no fue cualquier cosa. El club francés —que terminaría levantando la orejona un par de años después— contaba con un plantel de ensueño liderado por Jean-Pierre Papin, Abedi Pelé, Chris Waddle, Manuel Amoros y una de las grandes figuras del Mundial Italia 90: Dragan Stojkovic. "Piksi", quien era justamente una leyenda saliente del Estrella Roja, se negó a patear en la tanda de penaltis contra su exequipo.
Aquella fue la última final disputada antes del estallido del conflicto de los Balcanes y la consecuente desintegración de Yugoslavia. El Estrella Roja albergaba en su plantilla a futbolistas de varias de las repúblicas que entrarían en guerra, factor que aceleró su éxodo definitivo hacia los clubes de Europa Occidental. Tras coronarse en Europa, cerraron un ciclo dorado al conquistar la Copa Intercontinental venciendo al Colo-Colo, campeón de la Libertadores.
En la temporada 1995-96 entró en vigor el fallo de la Ley Bosman, liberando el cupo de comunitarios y sepultando las esperanzas de los equipos con menor presupuesto de volver a reinarse en el continente. Desde esa fecha, solo un club fuera de las cuatro grandes ligas (España, Inglaterra, Italia y Alemania) ha logrado levantar el trofeo: el Porto en 2004.
Ver una final como la de 1991, repleta de jóvenes talentos yugoslavos contra una camada brillante de franceses, es algo que difícilmente volverá a ocurrir. En más de un cuarto de siglo esa magia se ha repetido una sola vez en aquella final del 2004. Quizá nuestros ojos no vuelvan a presenciar una hazaña semejante, pero si tienen oportunidad de buscar los videos de aquel Estrella Roja, háganlo; les aseguro que no se van a arrepentir.











