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Nueva constitución

Por Jesús Silva Herzog Márquez

Octubre 05, 2026 03:00 a.m.

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      A la mitad del discurso que pronunció en el Zócalo la semana pasada, la presidenta Sheinbaum advirtió a los asistentes que haría una reflexión. El silencio debe haberse impuesto en esa congregación de entusiastas que voluntariamente acudieron a escuchar el enésimo segundo informe de gobierno. Ningún ruido, ningún cuchicheo frente a Palacio Nacional para poder escuchar el razonamiento presidencial. Cuando la presidenta reflexiona el pueblo se ilustra. La Jefa del Estado asume la función de ser la gran esclarecedora. Está convencida de que, cuando un lugar común se repite con enjundia, se vuelve "reflexión" y termina cualquier confusión. Nos cuenta, por ejemplo, que la democracia es lo que dice su etimología. La experiencia histórica de ese régimen no importa realmente porque con el significado de las cuatro sílabas basta. Le gusta también contarnos el cuento infantil de nuestra historia oficial. Simplificando al simplificador nos arrulla con el cuento de que México era una nación feliz antes de que la invadieran los españoles. El rigor de la científica se hace patente cuando describe las hazañas de los héroes y la perversidad de esos traidores que son siempre los mismos. 

      En su reflexión más reciente, la presidenta regresó a la fábula de las transformaciones. Cuatro capítulos de la historia, cuatro epopeyas, cuatro semidioses y cuatro constituciones. Cada "transformación" ha desembocado en una nueva ley suprema. Sheinbaum celebra que ya tenemos una nueva constitución. No fue necesario convocar a un congreso constituyente porque ese congreso al que se le regaló una supermayoría que no le dieron los votantes actuó como tal. El poder legislativo nos ha dado una nueva ley que concreta simbólicamente eso que describen como si fuera el cuarto nacimiento de México. Esa es la reflexión de la presidenta. Un congreso que asume una representación que no tiene, se atribuye un poder que no le pertenece. Si vale para algo el paralelo de otros episodios, las nuevas constituciones han sido creadas por asambleas formadas precisamente para discutir y aprobar una nueva ley suprema. De ahí surge su legitimidad. No vienen de un poder establecido sino de un cuerpo formado precisamente para crear una nueva constitución. Si es cierto que tenemos una nueva constitución, la que ha surgido en el gobierno de Sheinbaum adolece de un pequeño defecto: su ilegitimidad. Nadie votó en 24 por una asamblea constituyente. 

      Lo que sí es herencia constitucional de Sheinbaum es haber introducido en el texto de la constitución disposiciones que anulan el carácter normativo de la constitución. Bajo Sheinbaum se instauró el contraconstitucionalismo en el texto mismo de la ley. ¿A qué me refiero con esta palabra? A las reglas constitucionales que desmontan los límites al poder. Las reformas que presume la presidenta de la república convierten a la constitución en un instrumento que niega los ideales del constitucionalismo: separación de poderes, gobierno limitado, imperio de los derechos. La nueva constitución que festeja la presidenta es un libro que no restringe el poder existente. Al haber convertido al tribunal constitucional en una diputación sumisa e incompetente, la ley suprema es un papel manchado. El símbolo con el que se llena la boca el régimen no es una barrera a la arbitrariedad, no es una protección de las minorías, no es el garante de los derechos. Lo que celebra la presidenta es la desintegración del guardián de la constitución. No tenemos una nueva constitución. Lo que celebra Sheinbaum es la constitución inerte.

      El símbolo del nuevo régimen anula la norma. Sin protectores, la ley es una farsa. Eso es lo que festeja Claudia Sheinbaum: la restauración, bajo su gobierno, de la constitución semántica, esa ley que sirve de principio de legitimación y coraza del poder, no su límite. Una constitución que ya no le estorba a la presidencia. Por eso en su reflexión alaba el abultamiento demagógico de la ley. Normas que agitan la bandera soberanista, sin fortalecer un gramo la independencia, ni mucho menos el imperio de la ley en el territorio nacional. Frente a las amenazas, ¡un cambio que hace inconstitucional la injerencia extranjera! Esa es la contribución de Sheinbaum: elevar a rango constitucional las balandronadas mañaneras.

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