“Polacos y polacas” psicópatas
“La Revolución mexicana fue la Revolución perfecta, pues al rico lo hizo pobre, al pobre lo hizo pendejo,
al pendejo lo hizo político y al político lo hizo rico”.
Adolfo López Mateos.
Hace unos cinco años escribía en este mismo espacio, el tema de “La política y sus psicópatas”, me refería a que no necesariamente son asesinos seriales los políticos mexicanos (bueno, tal vez algunos), pero si tienen y posen ciertos rasgos.
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Y es que la mayoría de los “polacos y las polacas”, tienen la habilidad para manipular a otras personas, son mentirosos y superficiales, son narcisistas, egoístas y con un enfoque hiper exagerado de su valía, no tienen empatía, ni remordimientos.
La fascinación del pueblo mexicano por sus políticos, es de estudio y análisis de antropología social, en serio. Creen que son sus “cuadernos”, infelizmente no saben que los políticos no tienen amigos, tienen partidarios y como se sienten de la realeza, pues tienen cortesanos.
Súmele que poseen el “Síndrome de Hubris”, término que acuñó el neurólogo David Owen, los griegos ya utilizaban el término para hablar del comportamiento humano caracterizado por una arrogancia desafiante frente a los Dioses (orgullo, presunción y arrogancia).
¿No me cree? escúchelos hablar, observe sus conductas y sus respuestas a preguntas sobre su gestión. Están intoxicados de poder, los políticos mexicanos viven en un estado psicológico toxico por el ejercicio amplio del poder, que no tiene contra pesos ni condiciones.
Me cuenta un amigo que sabe mucho de política, que los malos políticos (porque hay buenos, aunque exiguos), se han convertido en “Megalodónes”, esos tiburones gigantes extintitos superdepredadores y, por otro lado, “Megalómanos”.
TAPANCO: Ahí le van, los catorce rasgos de los políticos, según Owen:
? Tendencia narcisista y ver a “México” como un escenario donde ejercitar poder y gloria personal.
? Propensión a actuar en busca de la autoexaltación para potenciar la imagen personal.
? Preocupación desmedida por la propia imagen y presentación.
? Uso exagerado y mesiánico del lenguaje, con tono grandilocuente.
? Identificación personal con “México” hasta el punto de identificar los intereses colectivos como propios.
? Tendencia a hablar de uno mismo en tercera persona o utilizar el “nosotros”.
? Confianza excesiva en el propio juicio y desprecio por el consejo y la crítica ajenos.
? Creencia exagerada en el deber moral de actuar, convencido de su papel histórico o su misión personal.
? Actitud inquieta, impulsiva e imprudente en las decisiones y acciones.
? Incapacidad para reconocer los errores, negando fallos o responsabilidades.
? Aislamiento progresivo de la realidad y rechazo de información que contradiga su visión de “México”.
? Pérdida de contacto con la realidad, acompañada de una visión distorsionada del entorno.
? Creencia exagerada en la propia infalibilidad, sintiéndose intocable y por encima de las reglas comunes.
? Desprecio hacia otros individuos a quienes considera inferiores o débiles.
¡Viva la Revolución, cabrones!
X @Franciscosoni









