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¿Por qué escribo?

Por Catón

Junio 13, 2026 03:00 a.m.

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      "¡Qué lindas pompas tienes, mamacita!". Eso dijo, extasiado, un gusanito en el jardín. "¡Idiota! -se escuchó una voz-. ¡Soy tu otro extremo!"... Don Oprimicio pasó a mejor vida. Llegó a las puertas de la morada de la bienaventuranza eterna, y el portero celestial, tras una rápida consulta al expediente del recién llegado, le informó que tenía derecho a entrar al Cielo. Preguntó don Oprimicio, cauteloso: "¿De veras aquí es el Cielo?". "Claro -respondió, extrañado, el apóstol de las llaves-. ¿Por qué lo dudas?". Inquirió el admitido: "¿Está aquí un mujer de nombre Arpiana?". San Pedro revisó sus registros y le dijo: "No hay nadie aquí con ese nombre. Debe estar con la competencia". "¡Ah! -exclamó lleno de júbilo don Oprimicio-. ¡Entonces sí es el Cielo!". Y entró con paso firme a la mansión celeste... Aquel señor era léido y escrebido, como dice la gente campirana al referirse a un hombre culto. Fue a una librería y le preguntó a la encargada: "¿Tiene el libro ´El cardenal´?". Respondió la muchacha: "No manejamos libros religiosos". Acotó el cliente: "Este libro trata del pájaro". Replicó la dependienta en tono acre: "Pornografía menos"... ¿Habrá alguna palabra castellana en la cual no aparezca alguna de las letras que figuran en el nombre "Eulalio"? La única es la palabra "y", conjunción copulativa, dicho sea sin intención segunda. Y si de preguntas se habla, a veces alguien me pregunta por qué escribo. Abajo lo diré. Uno de mis cuatro lectores me envió este mensaje que transcribo en seguida: "Estimado don Armando: Quiero expresarle algo que probablemente usted ha escuchado muchas veces, pero que nunca sobra decirle a quien ha acompañado la vida intelectual y emocional de tantas personas: Gracias. Gracias por una trayectoria que, más allá del periodismo y la literatura, ha sido una forma de compañía para generaciones enteras. Usted ha logrado algo muy raro: escribir con inteligencia sin perder ternura; pensar con profundidad sin abandonar el humor, y ejercer la crítica sin renunciar nunca a la humanidad. Espero gozar del privilegio de llegar a los 87 años; tengo apenas 54. Pero a usted le deseo, con toda sinceridad, llegar a los 187. Cien años más, por lo menos. Porque aunque la posteridad ya la tiene asegurada en la memoria de quienes hemos leído sus libros y artículos, quienes además lo han conocido personalmente guardan algo todavía más valioso: el recuerdo de un hombre generoso, sensible y luminoso. Hace más de 30 años usted aceptó una invitación que le hicimos para impartir una plática en la UDEM a alumnas y alumnos de Comunicación. Fue exactamente como lo esperábamos y, al mismo tiempo, mejor de lo imaginable: lúcido, ingenioso, cercano, profundamente humano. Muchos años después seguimos recordándolo. Mario Benedetti escribió que ´uno no siempre hace lo que quiere, pero tiene el derecho de no hacer lo que no quiere´. Usted nos enseñó, además, que se puede escribir sin traicionarse, pensar sin amargura y envejecer sin perder la curiosidad y la alegría. Inevitablemente recuerdo a Neruda cuando escribió: ´Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera´. Algo parecido ocurre con las personas que dejan hulla verdadera: el tiempo pasa, cambian las épocas, pero permanecen la inteligencia, el humor y la bondad sembrada en los demás. A usted lo atesoramos como persona y como referente. Dios lo bendiga, don Armando, y gracias por tanto. Con admiración y afecto, Julio Salinas Lombard". Ahora bien: ¿por qué escribo? Escribo para llegar a merecer un mensaje como éste. Lo agradezco con el pensamiento y la palabra, pero sobre todo con el corazón... FIN.