"¿Pos cómo le haces?"
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Preguntas y respuestas
El que pobre anocheció y rico amaneció ¿de dónde lo sacó? La suspicacia popular ve con recelo a quien medra, como el jocoque, de la noche a la mañana. (Mexicanísima palabra es "jocoque". El vocablo viene del náhuatl xococ, cosa agria. "El bebé huele a choquío", se dice todavía a propósito del olor acre que despide a veces el babero del pequeño). La 4T, ridículamente llamada así con absurdo delirio de grandeza, ha sido pródiga en esos especímenes enriquecidos con sospechosa rapidez. Del sexenio de AMLO salieron varias comaladas de nuevos ricos que fincaron su repentina dinerada en la cercanía por parentesco o amistad con el caudillo. Las usuales corrupciones del régimen priista fueron mínimas si se les compara con los enormes desmanes cometidos en el curso del nefasto período obradorista, seguramente el que más daño ha causado al país en la época moderna, si no es que en todas las épocas. El dinero mal habido es muy chismoso; la súbita prosperidad denuncia a quien la goza. "¿Pos cómo le haces?", le preguntarán al rastacuero -o rastacuera- que se hizo de fortuna repentina. No se apenará, sin embargo. Lo amarillo del dinero quita el rubor al ratero. Buen lomo y resbaladillo son el paraguas del pillo. Dirá para sí el interrogado: "La vergüenza pasa, y lo agarrado se queda en la casa". En los gobiernos de la Revolución se robaba dinero. En el tiempo de AMLO hubo latrocinios tanto de dineros como de instituciones. El cacique las mandó al diablo, y con ello causó perjuicio irreparable a México. Las cosas no han mejorado. El maximato está operando; los protegidos del tlatoani andan sueltos y campan por sus fueros ante una autoridad omisa, sumisa y remisa. Debemos machacar sobre esto para que no se olvide, y decirlo antes de que se implante la censura. En fin, ya que por ahora no podemos cambiar de sistema, cambiemos al menos de tema... Doña Frustracia le comentó a su amiga Tules: "El trato conyugal con mi marido se parece a una serie: cuando la cosa empieza a ponerse buena acaba el episodio"... Babalucas era mesero de restorán. Un cliente se quejó, irritado: "Hay una mosca en mi sopa. Llame al dueño". Replicó Babalucas: "¿Y yo cómo chingaos voy a saber quién es el dueño de la mosca?"... Hubo redada de prostitutas callejeras. Todas declararon ante el juez: "Fui detenida injustamente. No soy prostituta; soy vendedora casa por casa de artículos domésticos". Una, sin embargo, confesó lisa y llanamente: "Soy prostituta". "¡Vaya! -exclamó el juez-. Al fin hay una que dice la verdad. Y cuénteme: ¿cómo va el negocio?". "No muy bien, su señoría -respondió la mujer-. Hay en la calle demasiadas vendedoras de artículos domésticos"... "A falta de otro sitio dormirá usted en la misma cama con mi hija -le dijo el dueño de la granja al viajero a quien acogió en su casa en noche de tormenta-, pero pondré una almohada entre los dos. Prométame usted que no intentará nada indebido. Mi hija es casta y honesta". El viajero prometió. Al día siguiente la linda hija del granjero invitó al visitante a conocer la granja. En el curso del paseo un viento súbito arrebató el sombrerito de la chica y lo hizo caer al otro lado de la barda del corral. "No te apures -tranquilizó el viajero a la muchacha-. Saltaré la barda y recuperaré tu sombrerito". "Uh -dijo ella con desdeñoso acento como hablando para sí-. No saltó la almohada, y va a saltar la barda"... Don Ruguito, señor de muchos años, más que los de dos tortugas juntas, batallaba para encontrar la partecita de entrepierna que en ese momento requería para desahogar cierta urgencia natural menor. Le dijo con ternura a esa parte: "No te escondas, chulita. Nada más te quiero para hacer pipí"... FIN.



