logo pulso
PSL Logo

¿Son tiempos de cambios?

Por José Ramón Jiménez Martínez

Noviembre 05, 2026 03:00 a.m.

A
¿Quieres resumir esta noticia?

Resumen

Destacados

    Preguntas y respuestas

      El gradual derrumbe que dejó inalterada la fisonomía del conjunto 

      se ve interrumpido por un destello que, en un instante, 

      ilumina los rasgos del nuevo mundo.

      G.WF. Hegel

      ¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí


      En la literatura de empresa o, en el argot empresarial, existe un proverbio popular: renovarse o morir; adjudicado por su origen al filósofo español Miguel de Unamuno (1864-1936), quien señaló, en su condición de rector en la Universidad de Salamanca, España, que el progreso consistía en renovarse.

      Con este proverbio muy popular, se llama a modificar, a cambiar, aquello que no nos permite alcanzar los objetivos propuestos.

      Sin embargo, para iniciar un cambio desde la voluntad propia, es necesario el reconocimiento de que "algo" no nos permite obtener los resultados que esperamos. 

      Para ilustrar esto, consideremos los cambios que vienen en forma ajena a nuestra voluntad; verbi gratia: cuando por indicaciones médicas debemos modificar nuestros hábitos de alimentación o, modificar la rutina del día a día.  Cuando ello ocurre, son las circunstancias que nos obligan y, aun cuando la voluntad del cambio reside en uno, la iniciativa no surge de un acto de conciencia, sino de una instrucción externa, de una condición de vida que nos sobreviene.

      En este marco de referencia, el planteamiento es: ¿por qué nuestra democracia electiva nos sitúa ante un escenario de tanta turbulencia? ... ¿nuestra democracia progresa o evoluciona a inéditos estadios de desequilibrio entre sociedad y algún modelo de gobierno?

      En primera instancia, aclarar que la turbulencia referida considera las disputas por el poder entre los grupos hegemónicos (entiéndase la 4T) que rayan en argumentos públicos increíbles, ilógicos sobre el proceso o los procesos para elegir candidatos (llamados de una forma muy rebuscada) a las diferentes formas del poder (ejecutivos de estado, de municipios y/o legislativos). Aunado a las negociaciones entre grupos en la oposición donde, sus ideas políticas han cedido el lugar a la idea central de recuperar el poder perdido. Rematando todo ello en la penosa y grave situación del instituto encargado de conducir los procesos de elección (INE). 

      Es decir, hay una notoria inestabilidad que trasciende en los medios de comunicación hasta ocupar las principales noticias de cada día, desplazando lo que-- en procesos anteriores-- debería ocupar el discurso del gobierno posicionando sus logros, en el ejercicio natural de conservar el poder. 

      Esta no es una nostalgia de los procesos eleccionarios anteriores, sino inquietud ante los nuevos aconteceres, donde surge la pregunta si esta turbulencia nos llevará a mejores modelos de gobernabilidad (entendida como el equilibrio entre sociedad y gobierno) o, indefectiblemente, a mayor inestabilidad social que configure escenarios de riesgo para la inversión y, en consecuencia, para mejorar las condiciones de vida sociales.

      La democracia entendida de forma simple como la lucha por el poder alejados de la violencia o de la guerra, es el mecanismo que nos hemos dado para alcanzar estadios de progreso. Sencillamente, alcanzar una mejor vida social, en el conjunto, y de las personas en particular.

      Sin embargo, el riesgo de que perdamos la visión de que la democracia electiva es un medio para implementar modelos de gobierno, unas prioridades de atención social frente a otras para situarnos ante una lucha por el poder, por el poder mismo; parece que nos aleja de las expectativas de aquellas luchas por superar la era del poder hegemónico priista. 

      Luchar por la democracia electiva surgió desde el interior de una sociedad mejor informada, más preparada o con mayor número de grados escolares ante necesidades no atendidas frente a políticas anquilosadas; pero, alcanzar ese estadio de competencia por el poder quizá nos esté llevando a perder la idea de que la democracia electiva era un medio y no un fin en sí mismo. 

      Tal parece que hemos perdido la visión de futuro y no sabría si es soberbia o ignorancia.

      Ahora bien, en segunda instancia, tomar conciencia del riesgo de perder oportunidades (el tiempo no retoña-- dice la sabiduría popular) nos permite intentar cambiar lo que estamos haciendo pues, de lo contrario, las circunstancias pueden obligarnos a cambiar nuestra forma de vivir y, entonces sí, quizá surja la nostalgia de lo que vamos perdiendo.

      Los discursos parecieran que estamos tan bien, que no son necesarias ideas nuevas de gobierno sino sólo de administradores de lo que hemos logrado.

      Lo cierto es que no es así, aunque los discursos que mayormente ocupan los medios no muestren las necesidades rezagadas de atención. 

      No perdamos la visión de progreso, no olvidemos cambiar para mejorar. 

      joseramonuhm@hotmail.com