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¿Es malo el consumo de azúcar añadida en los primeros 2 años de vida?

Principales fuentes de azúcar añadida en la dieta infantil incluyen productos ultraprocesados y jugos industrializados.

Por El Universal

Julio 16, 2026 03:35 p.m.

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      Consumir poco más de una cucharadita de azúcar añadida al día durante los primeros dos años de vida se asocia con una mayor acumulación de grasa abdominal y un crecimiento menos favorable en niñas y niños, reveló un estudio en el que participó la académica de la Universidad Iberoamericana (Ibero), Mónica Montserrat Ancira Moreno.


      La investigación, denominada "Early Life Added Sugars and Associated Appetite, Satiety, Growth and Adiposity in the First 2 Years of Life", siguió a 248 pares madre-hijo desde el nacimiento hasta los 24 meses para analizar el consumo de azúcares añadidos y sus efectos sobre el crecimiento, la composición corporal y el comportamiento alimentario.

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      Los resultados muestran que una ingesta igual o superior a siete gramos diarios de azúcar añadida, equivalente a poco más de una cucharadita, está relacionada con una circunferencia de cintura aproximadamente dos centímetros mayor en comparación con menores que no consumían estos azúcares.
      Además, las y los niños con mayor consumo registraron un menor crecimiento en longitud para su edad, indicadores que, según los investigadores, sugieren un desarrollo menos saludable durante una etapa clave del crecimiento.
      El estudio también documentó que la exposición al azúcar aumenta de manera progresiva durante los primeros años de vida. Mientras a los seis meses el consumo era prácticamente nulo, a los dos años alcanzó una mediana de 19.4 gramos diarios.
      Los especialistas encontraron que una mayor ingesta de azúcar añadida se asocia con conductas alimentarias menos favorables, como una mayor tendencia a comer por razones emocionales y una mayor selectividad o rechazo hacia diversos alimentos.
      De acuerdo con la investigación, estas conductas podrían influir en la formación de patrones alimentarios poco saludables en etapas posteriores de la vida.
      Los hallazgos señalan además que los primeros mil días de vida constituyen una etapa crítica para el desarrollo del gusto y de las preferencias alimentarias. La exposición frecuente a alimentos dulces puede modificar mecanismos cerebrales relacionados con la recompensa y favorecer una preferencia por sabores intensamente azucarados, desplazando opciones con mayor valor nutricional como frutas, verduras y alimentos frescos.
      Entre los resultados, los investigadores destacaron el efecto protector de la lactancia materna. Los menores que recibieron lactancia materna exclusiva durante más de tres meses consumieron significativamente menos azúcares añadidos durante sus primeros dos años de vida.
      La reducción fue aún mayor entre quienes continuaron siendo amamantados después de los seis meses, lo que, según el estudio, favorece la adopción de hábitos alimentarios más saludables desde edades tempranas.
      El análisis también identificó las principales fuentes de azúcar añadida en la dieta infantil. Conforme avanzó la edad de los menores, el azúcar de mesa, productos de panadería dulce, algunos yogures, jugos industrializados y diversas fórmulas infantiles se convirtieron en los principales aportadores de este ingrediente.
      Para Ancira Moreno, responsable del Observatorio Materno Infantil de la Ibero, los resultados refuerzan la necesidad de revisar el contenido de los alimentos dirigidos a la primera infancia y limitar el consumo de productos ultraprocesados con azúcares añadidos.