Familia y Escuela Capítulo 283: Consumo cultural digital
Tomando en consideración que el término “Cultura” fue evolucionando desde significar en sus inicios como: “cultivo”, evidentemente refiriéndose a la actividad agrícola, hasta representar el cultivo de facultades humanas, incluyendo en este último todo lo que el hombre ha creado, tanto tangible como intangible; se tiene entonces que de ser un solo concepto se ha llegado a ampliar hasta convertirse en toda una categoría conceptual representando a toda la actividad del hombre.
Toda la producción realizada por el ser humano está representada entonces por alguna clasificación o tipo de cultura; sin embargo, en determinado momento se llegó a considerar como un producto de élite, en donde solo algunas personas con cualidades sociales, culturales, cognitivas y hasta económicas tenían acceso, llegando a acuñar el término: “inculto”.
De esta manera, las personas que no tenían acceso a los programas educativos escolarizados, desertaban o eran expulsados de éstos, son catalogados con ese adjetivo; lo mismo ocurre con aquellos que no pueden acceder a grandes y costosos viajes, visitar las impresionantes obras de arte expuestas en museos famosos del mundo; o bien, tener gustos “refinados” en géneros musicales o mediante el uso de vestuario o hasta el propio lenguaje utilizado.
Aunque el término “inculto” como tal existe, definido por algunos diccionarios como: “carece de cultura, instrucción o buenos modales, o a un terreno que no ha sido cultivado” desde luego que es usado como denostativo, ofensivo y hasta agresivo, la realidad es que no existen personas incultas.
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Todas las personas poseen cultura de diferentes tipos, clases y orígenes; bien sea tangible incluyendo la cultura material como propiedades inmuebles, culinaria, vestuario y muchas formas más; de igual manera se po++++see cultura inmaterial representada en cosmovisiones, costumbres, aspectos religiosos y espirituales, valores e ideales, solo por nombrar algunas.
Por lo anterior, la impartición de educación escolarizada, desde los niveles básicos hasta los estudios de posgrado, no son la única forma de obtener cultura; lo único que se podría asegurar es que se tiene cierto grado de especialización en alguna área de conocimiento, pero que existen muchas áreas más que cultivar y fomentar, además de la educativa formal.
Por otra parte, es un hecho que el consumo cultural que ha tenido mayor auge es sin duda el efectuado de forma digital; dado que es una de las vías más efectivas de obtener conocimientos, desarrollar habilidades; confirmar, reproducir y fomentar creencias, costumbres y valores; conocer otras culturas, formas de pensar y actuar; obtener medios de recreación, apreciación artística y de entretenimiento; apoyo a las actividades escolares y a la interacción social de familias y entre los distintos grupos sociales.
Este consumo cultural es tan cotidiano que, por lo regular, no nos damos cuenta que lo estamos efectuando y mucho menos que, a través de él, estamos enseñando y aprendiendo mediante un proceso educativo integral, en el cual se pone en juego no solo la esfera cognitiva, sino todas las dimensiones que integran al ser humano.
Si en la familia a la hora en que sus miembros consumen los alimentos, que es el tiempo y el espacio propicio para dialogar y saber los unos de los otros, sondear los estados de ánimo, planear o acordar acciones a realizar, saber de cómo va su día o, simplemente verse a la cara y, en lugar de ello, se está consumiendo cultura mediante las diferentes redes sociales atrapados y agachados observando su teléfono celular, emitiendo un mensaje claro en el que se entiende que es más importante lo revisado en esa pantalla que lo que le suceda a algún miembro del grupo.
De igual forma, existen en algunas escuelas maestros y maestras de diferentes niveles educativos, así como los propios alumnos que practican el mismo tipo de consumo cultural digital, aun estando durante el periodo de clase, aprovechando cualquier resquicio para publicar su nuevo look o mostrar su figura estilizada y atisbar a cada momento si su estado, publicación o historia ha sido aceptada con “likes” corazones o pulgares arriba, ratificando y obteniendo la necesaria dosis de estima que no sería posible obtener de otra manera.
Esta forma de educar y educarse en familias y escuelas, es replicado de manera efectiva en los transportes urbanos, caminando por las calles, en salas de espera, en cines y hasta en ceremonias religiosas, políticas y en todos los sitios de interacción social, en donde la gran mayoría de las personas están accediendo al contenido encorvados sin perder detalle de lo observado.
Este consumo cultural en redes sociales se ha convertido en el medio masivo por excelencia utilizado para difundir todo tipo de información, teniendo en el aparato de telefonía el compañero perfecto; según datos de INEGI para 2024 98.6 millones de personas hacían uso de un teléfono celular, ubicando con un 90.4 % el acceso a redes sociales, 89% entretenimiento, 88.2 % búsqueda de información general y 81.3 % en apoyo a la capacitación y/o educación, entre otros usos.
Si bien es cierto que la oferta que se proporciona para el consumo cultural digital ha abierto una ventana hacia el conocimiento de otras culturas y costumbres, a diferentes maneras de recreación y entretenimiento, hacia los apoyos para la educación a distancia, así como la comunicación de noticias y advertencias urgentes necesarias; sin embargo, de manera preocupante se ha venido presentando una tendencia hacia el incrementar la publicación de elementos y acciones morbosas, utilizando y mostrando de manera tendenciosa las características corporales, incluso utilizando la sexualidad como atracción hacia los consumidores digitales; además, muchas de estas publicaciones utilizando ya la propia inteligencia artificial para noticias falsas.
Es un hecho que no podemos negar o prohibir este consumo cultural, pero si sacar provecho de todas sus bondades, por lo que se requiere que eduquemos desde pequeños para que se haga un uso adecuado de este recurso.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx









