Familia y escuela Capítulo 340: Prometeo, los papás y los docentes
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Desde el siglo V antes de Cristo, Esquilo, al producir la obra: "Prometeo encadenado" probablemente nunca se imaginó que esa tragedia teatral viniera a representar, siglos adelante, lo que, para educar, se le debería hipotéticamente pedir actualmente a los padres de familia y a los profesores.
Por supuesto que esa figura mitológica griega no tenía la intención de representar directamente un episodio para un proceso de enseñanza y aprendizaje, sino el de hacer visible y apoyar a la humanidad otorgándoles los dones que todo ser humano debe poseer.
Recordemos que el mito menciona que Zeus encomienda a Prometeo formar a los humanos del barro a imagen y semejanza física de los dioses, pero con la condición de mantenerlos vulnerables e ignorantes, de forma tal que fueran manipulables y con los conocimientos mínimos para que fueran dóciles y no se sublevaran contra el poder que los sometía.
Al darse cuenta de la oscuridad, ignorancia, faltos de creatividad, pensamientos propios y condiciones en las que estaban sujetos los humanos, Prometeo decide tomar el camino de la liberación.
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Dicha liberación representaba el brindar el conocimiento para otorgar y fomentar las facultades humanas y establecer un crecimiento y desarrollo de la especie, propiciando ejercer desde un libre albedrío hasta todas las formas de generar una inteligencia creativa y no solo una inteligencia amarrada a los designios de quien los dominaba.
Es entonces que, al observar a la humanidad en un estado casi animal, se dirige hacia el Olimpo y de manera furtiva roba el fuego que representaba al progreso y la civilización, pero, sobre todo, era la llama que encendía todas las facultades humanas, incluyendo las habilidades, valores, creación de cultura y desarrollo científico.
Una vez robado el fuego, se los entregó a los hombres, dando inicio a toda una época de desarrollo, desde las labores más sencillas, hasta las más especializadas y, sobre todo, con la libertad de pensamiento y creación propia de los trayectos de vida que cada humano decidiera seguir.
Desde luego que Zeus, encolerizado por la acción irreverente de Prometeo, le hizo castigar encadenándolo en una roca en los montes del Cáucaso en donde todos los días acudía un águila a devorarle las entrañas, en donde, a sabiendas que era inmortal, la acción se repetía sin tener fin.
Todo este relato mitológico, tal pareciera que tiene gran influencia en el sentido que actualmente presenta la educación y formación desde las familias y las instituciones escolares; éstas y otras formas técnicas representadas por los medios de comunicación y redes sociales, son el medio por el que se logra instaurar en la mente de niños, jóvenes y hasta de adultos, una configuración de conocimientos, actitudes, acciones, costumbres y en general todos los elementos que la sociedad y grupos específicos acordaron instaurar, a manera de límites, en los habitantes de un grupo, como condición para pertenecer a el.
En las familias se tiene ya establecido todo un formato mediante el cual la formación que otorgan a sus miembros se da acorde con los lineamientos sociales y culturales de la región en que se habita; todas las acciones y hasta aspectos no materiales como los ideas, cosmovisión, valores y hasta elementos religiosos, deben reproducirse tal y cual fueron planteados.
Es un proceso catalogado como "normal" y aceptado como el objetivo y producto a lograr con los hijos, convirtiendo este formato en todo un paradigma; además se encuentra basado en la reproducción y en los límites que se imponen como medio para educar y lograr una formación adecuada.
En afán de lograr esta formación en la familia, se ha olvidado que hasta los miembros más pequeños de toda familia tienen características valiosas que aportar si se les dajara proponer sus opiniones, ideas, proyectos; es decir, cultivar la libertad de pensamiento desde esa edad, porque con la educación recibida solo se les está confinando a ser meros espectadores y sujetos a solamente repetir las acciones que se les encomienda; toda proporción guardada, tal como se les enseña a ciertos animales que se les premia al repetir la acción o acto que frente a la gente deben efectuar.
Para el caso de las escuelas, las características descritas no son tan diferentes; los papás, alumnos, maestros y autoridades educativas, tienen claro que se asiste para "aprender" lo que se interpreta como el recibir instrucción por parte de los docentes, transmitiendo contenidos que se encuentran agrupados en un programa de estudios, el cual fue eleborado por personal experto y que son los que en determinado momento se debe comprobar que se retuvieron en la mente de los alumnos mediante ser examinados con diversos tipos de evaluaciones.
El proceso educativo en los planteles se resume entonces a una simple transferencia del conocimiento que, a los ojos de muchos críticos, es una forma de dominio y de limitación de las facultades del ser humano.
Tanto en familias como en las escuelas, la presencia de los límites son considerados necesarios para efectuar una formación efectiva y fructífera, pero a costa de "encadenar" el resto de las facultades humanas.
Es aquí en donde a manera de Prometeo, tanto padres de familia y docentes "deben acudir al Olimpo para robar el fuego" que contiene el inicio y fomento de todos los elementos que una persona posee y que se encuentran limitados y hasta encadenados sin ser tomados en cuenta.
El otorgar ese fuego a hijos y alumnos consiste en darles la oportunidad de demostrar que no solo hay conocimientos y acciones que son valoradas numéricamente, elementos tales como las artes, los valores y proyectos con origen propio; ideas y formas de pensar innovadoras con alto sentido social y cultural; impulsar la creatividad tecnológica y la difusión proactiva de la creación de contenidos digitales que abonen a una cultura de paz y desarrollo; todo ello rebasando el ser esclavo y quedarse simplemente con las ideas y conocimientos de alguien más.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx



