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Talladores saamaka preservan tradición de madera en Surinam

El colectivo Totomboti trabaja con jóvenes para transmitir la tradición de talla en madera saamaka.

Por AP

Octubre 26, 2026 10:53 a.m.

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Talladores saamaka preservan tradición de madera en Surinam
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      Tradición y arte de los talladores saamaka en Piki Seei

      PIKI SEEI, Surinam (AP) — De pie sobre un enorme bloque de madera, Alingo Doekoe, de 63 años, se inclinó y blandió un pico tradicional, cincelando con destreza astillas de madera. Poco a poco, iba tomando forma una tabla para el adji-boto, un juego tradicional saamaka con raíces en África occidental.

      Aquí en Piki Seei, el tembe -- la tradición saamaka de talla en madera y arte decorativo -- ha sido durante mucho tiempo parte de la vida cotidiana.

      Los saamaka son uno de los seis pueblos tribales de Surinam cuyos antepasados escaparon de la esclavitud durante el dominio colonial holandés y construyeron comunidades independientes en el interior boscoso del país hace más de tres siglos.

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      Practicado en su mayoría por hombres y transmitido de padres y ancianos a las generaciones más jóvenes, el tembe puede verse en todo, desde bancos, remos y botes hasta peines, puertas y las casas de madera que bordean las comunidades fluviales. El bosque circundante ha sostenido a las comunidades saamaka durante siglos, al proporcionar alimentos, materiales de construcción y recursos centrales para sus tradiciones culturales. Pero la expansión de la minería de oro y la tala está ejerciendo una presión cada vez mayor sobre el medio ambiente, al tiempo que aleja a los hombres de sus aldeas y de los oficios tradicionales.

      Para los talladores que se quedan, ese cambio es algo más que la pérdida de una forma de arte.

      "La talla en madera es parte de quienes somos", declaró Josasath Liefde, de 50 años, tallador en Piki Seei. "Es una tradición saamaka que seguirá viva".

      Impacto de la minería y tala en la comunidad saamaka

      Un conocimiento aprendido por generaciones

      Los diseños geométricos del tembe pueden transmitir significados e historias, o crear objetos que se usan en la vida diaria.

      Doekoe ha pasado décadas tallando madera y trabajando para preservar las tradiciones saamaka. Participa en Totomboti, un colectivo en Piki Seei que reúne a talladores y trabaja para transmitir el conocimiento cultural a las generaciones más jóvenes.

      Varios de los talladores de Totomboti son rastafaris, seguidores de un movimiento espiritual que se originó en Jamaica en la década de 1930 y que enfatiza la identidad africana y la conexión con la naturaleza. Aunque no todos los saamaka son rastafaris, la fe tiene una presencia particularmente fuerte en Piki Seei. Doekoe explicó que él y otros hombres del poblado lo adoptaron tras reconocer similitudes con sus propias tradiciones espirituales y su conocimiento del mundo natural.

      En su taller, bloques de madera y virutas cubrían el suelo mientras los talladores trabajaban en piezas en distintas etapas de elaboración. Doekoe señaló que, cuando es posible, usan árboles caídos y, en ocasiones, talan otros, procurando limitar su impacto en el bosque. Según el colectivo Totomboti, sus carpinteros utilizan apenas uno o dos troncos al año, y extraen de manera selectiva árboles de madera dura adecuados para su oficio.

      Pero para Doekoe, la talla en madera es algo más que los objetos que producen. La música, el idioma y el arte saamaka preservan elementos de las culturas africanas de sus antepasados, quienes fueron trasladados por la fuerza a Surinam durante el comercio transatlántico de esclavos.

      "Hay conocimiento oculto dentro de nuestro arte", manifestó.

      Liefde aprendió de su padre a convertir los árboles en objetos que su familia y su comunidad necesitaban. Hace bancos y remos y construye botes de hasta 15 metros (49 pies) de largo.

      "Si tienes que irte de este lugar, necesitas un bote, y la madera que se usa para hacer ese bote viene de este bosque", comentó. "Así que este es nuestro sustento".

      La minería es atractiva y se lleva a muchos jóvenes

      Doekoe a veces pasa dos meses sin vender nada. Indicó que los hombres jóvenes pueden ver a otros de su edad regresar de los yacimientos auríferos con dinero para comprar autos y otras cosas, lo que hace que la minería sea una alternativa atractiva a la talla.

      La minería de oro y la tala, tanto legales como ilegales, se han expandido por el interior boscoso de Surinam, ofreciendo la posibilidad de ingresos, pero con riesgos y daños ambientales. Un minero saamaka, que habló bajo condición de anonimato por temor a represalias de sus empleadores, dijo que conoce esos riesgos de primera mano.

      En 2016, una excavadora le aplastó el brazo mientras trabajaba en una mina de oro. Perdió el brazo, pero con el tiempo regresó.

      "Volví a este trabajo porque tengo una meta que quiero alcanzar, y creo que puedo lograrla de esta manera", le dijo a The Associated Press desde debajo de un refugio improvisado con un techo de lona que protegía a los trabajadores del sol intenso.

      El minero mantiene a dos adultos y cinco niños y ve pocas alternativas capaces de proporcionarle el dinero que necesita. Espera que, con el tiempo, pueda ganar lo suficiente con la minería para ampliar una granja de pollos en un terreno que ya posee.

      Antes de perder el brazo, el hombre también tallaba peines tradicionales de madera. Muchos de los árboles que utilizaba han sido talados desde entonces, contó, lo que obliga a la gente a viajar más lejos para encontrar madera adecuada.

      Aún sabe cómo hacer los peines, pero ya no está físicamente en condiciones de hacerlo.

      Su experiencia ilustra las complejas decisiones económicas que enfrentan algunos hombres saamaka. La minería puede ofrecer una vía para perseguir metas que requieren efectivo, incluso cuando quienes la realizan reconocen sus peligros.

      "Definitivamente hay presión sobre los hombres jóvenes para meterse en la minería de oro", sostuvo. "Tienes que abrirte tu propio camino en la vida".

      Liefde ve de otra manera la partida de los hombres jóvenes. Dijo que ha advertido a sus propios hijos que no trabajen en los yacimientos auríferos. Señaló que algunos jóvenes que dejaron el poblado por trabajo han muerto.

      "La persona que se va puede verlo como una oportunidad para sí mismo", expresó Liefde. "Yo lo veo como una pérdida para el poblado".

      Iniciativas para preservar la tradición y futuro cultural

      Los talladores transmiten la tradición

      En Piki Seei, algunos talladores intentan asegurarse de que la próxima generación tenga otra opción.

      Los talladores vinculados a Totomboti han trabajado con niños del lugar, organizando lecciones fuera del horario escolar en las que aprenden a medir y dar forma a la madera y a fabricar objetos por sí mismos.

      El Museo Saamaka del poblado ofrece un lugar donde las tallas pueden exhibirse y venderse, mientras que los visitantes de fuera de la comunidad aportan otro mercado. Los talladores que viven o trabajan en otros lugares también regresan al poblado para practicar sus habilidades.

      Doekoe declaró que el turismo y las ventas a extranjeros pueden dar a los artistas un incentivo para permanecer en sus comunidades. Pero preservar el oficio es algo más que encontrar compradores.

      Describió días en el taller de Totomboti en los que los hombres deliberadamente dejan sus herramientas. En lugar de tallar, se sientan juntos, intercambian ideas y cuentan historias transmitidas por sus antepasados.

      "Es espiritual, es la vida", afirmó Doekoe. "Vive en nuestras historias".

      Los jóvenes todavía acuden a él con ganas de aprender. Podría empezar con un principiante usando un pequeño trozo de madera, mostrándole cómo marcarlo y darle forma hasta convertirlo en un peine para el cabello que luego podría regalarse a un amigo. Pero transmitir esas habilidades también depende de proteger el bosque que aporta los materiales y la inspiración para su trabajo.

      Doekoe advirtió que la minería y la tala están dejando daños que, a su juicio, no pueden revertirse, al transformar los cursos de agua y destruir las condiciones conducentes a un florecimiento del bosque.

      "El bosque ya no es el mismo, y nunca se recuperará a lo que Dios creó", dijo.

      Y es la próxima generación, teme, la que cargará con las consecuencias.

      "Cuando las semillas de los árboles que deben crecer ya no crezcan, los niños que crezcan aquí no experimentarán el bosque como es hoy", afirmó.