Desafíos 2026
El 2026 no llega a San Luis Potosí como una hoja en blanco. Llega como llegan los años incómodos: con pendientes acumulados, con silencios institucionales que ya pesan demasiado y con una ciudadanía que, aunque cansada, empieza a entender que la omisión también es una forma de violencia.
No es un año cualquiera. Es un punto de quiebre.
San Luis Potosí entra a 2026 con una paradoja inquietante: se habla de crecimiento, de inversión y de modernidad, pero se respira un aire que enferma, se habita una ciudad cada vez más desigual y se gobierna, en muchos temas clave, desde la improvisación o la negación del problema.
Primer reto: aceptar la realidad (aunque incomode)
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El principal desafío de 2026 no es técnico ni presupuestal. Es político y ético: reconocer que tenemos un problema estructural.
La calidad del aire dejó de ser una percepción para convertirse en una experiencia cotidiana. El cielo gris ya no sorprende; se normaliza. Y cuando la anormalidad se vuelve paisaje, el Estado falla en su obligación más básica: proteger la salud y la vida.
No se puede hablar de desarrollo mientras se evade la emisión de alertas, se minimizan los riesgos o se administra el silencio. Gobernar no es esperar a que la contaminación “baje sola”; gobernar es prevenir, informar y actuar, incluso cuando eso incomoda a intereses económicos o políticos.
Segundo reto: entender que el medio ambiente ya es un asunto de derechos humanos
En 2026, San Luis Potosí ya no puede tratar el medio ambiente como un tema ornamental ni como discurso de ocasión.
Hoy, la defensa del entorno está jurídicamente ligada al derecho a la salud, al mínimo vital, a la vida digna y al derecho a la información. Negarlo no sólo es irresponsable: es jurídicamente insostenible.
Cada omisión, cada autorización opaca, cada proyecto impuesto sin consulta ni estudios serios, no es solo un error administrativo; es una violación de derechos humanos que tarde o temprano llegará a los tribunales.
La pregunta ya no es si habrá litigio. La pregunta es cuánto daño se permitirá antes de corregir el rumbo.
Tercer reto: pasar del discurso verde a la política pública real
San Luis Potosí ha aprendido a hablar “verde”, pero no a gobernar en verde.
En 2026, el reto es brutalmente claro: medir, publicar, transparentar y corregir. Sin datos confiables no hay política pública. Sin información accesible no hay ciudadanía crítica. Y sin ciudadanía crítica, el poder se relaja peligrosamente.
No basta con foros, anuncios o campañas aisladas. Se requiere planeación, continuidad y valentía para asumir costos políticos. El medio ambiente no se protege con likes, se protege con decisiones incómodas.
Cuarto reto: reconstruir la confianza en las instituciones
La confianza no se decreta; se construye.
En 2026, San Luis Potosí enfrenta un desgaste institucional evidente. Cuando las autoridades llegan tarde, responden mal o simplemente no responden, el mensaje es devastador: “arréglense como puedan”.
Y cuando la gente se siente sola frente al poder, busca otras vías: la organización social, la protesta, el litigio estratégico. No por capricho, sino por necesidad.
El Estado debería ver esto no como una amenaza, sino como una advertencia: la sociedad ya no está dispuesta a callar.
Quinto reto: decidir qué ciudad y qué estado queremos habitar
Este es el fondo del asunto.
2026 obliga a una definición colectiva: ¿Queremos un San Luis Potosí que crezca sin aire, sin agua y sin reglas claras? ¿O uno que entienda que el desarrollo sin derechos es una forma sofisticada de desigualdad?
No se trata de frenar todo. Se trata de hacerlo bien. Con legalidad, con participación, con información y con una visión de largo plazo que hoy escasea.
En San Luis Potosí seguimos discutiendo si el problema existe, mientras lo respiramos todos los días.
Seguimos esperando a que la autoridad “reaccione”, como si la salud pública fuera un accidente y no una obligación.
Y seguimos creyendo que el silencio administrativo es neutral… cuando en realidad es profundamente tóxico.
El 2026 no va a perdonar la simulación. El aire no negocia. Los derechos humanos tampoco. Y esta vez, aunque algunos finjan no verlo, el cielo gris ya dio su veredicto.
Delirium Tremens.- Que el 2026 nos encuentre con salud, con conciencia y con la valentía de mirarnos de frente. Que sea un año de acuerdos posibles, de discrepancias honestas y de ciudadanía activa. Que no nos resignemos al deterioro ni normalicemos lo inaceptable. A todas y todos, mi deseo es simple pero profundo: un año con aire más limpio, instituciones más dignas y una comunidad que entienda que cuidarnos —entre nosotros y al entorno— no es una consigna, sino una responsabilidad compartida. Feliz 2026, con memoria, con justicia y con esperanza crítica.
@luisglozano









