Familia y escuela Capítulo 290: círculos y espirales, el burrito y el trapiche
“En cierta ocasión, el dueño de una propiedad agrícola visitaba el lugar en donde se cultivaba y se trituraba caña de azúcar de manera tradicional utilizando un molino de piedra o “trapiche” con tracción animal; al observar al burro que, vuelta tras vuelta, de manera paciente e ininterrumpida giraba empujando y haciendo funcionar el mecanismo extrayendo el jugo de esa planta.
Al contemplar la escena comprendió que, además de lo “inhumano” que resultaba el trabajo del jumento al hacerlo empujar esa palanca siempre en aburridos círculos por horas y horas, tomó en consideración que la producción que se lograba era muy poca y con escasas ganancias, por lo que ordenó cambiar ese mecanismo antiguo por maquinaria moderna que otorgara mayores ganancias por el producto.
Pero además, como elemento cargado de agradecimiento y de respeto ante el trabajo de ese noble animal, ordenó que fuera liberado inmediatamente y llevado hasta una parcela en donde tuviera compañía de otros animales con alimento suficiente para que se nutriera y pasara su vida en otras actividades con mayor dignidad.
La orden fue cumplida al pie de la letra, así que fue conducido hacia otro terreno; el burro parecía contento y hasta su andar se notaba ligero, así que, llegado el momento de soltarlo en su nueva parcela, el dueño y toda la gente que observaba la escena estaba expectante y esperando ver los trotes, carreras y saltos de alegría que el animal efectuaría al sentir su libertad, sin embargo, una vez retirada la cuerda que lo ataba de cuello y hocico, se encaminó tímidamente hacia el centro del terreno, volteó a ver alrededor, agachó la cabeza y comenzó a caminar nuevamente en círculos…”
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En efecto, la educación y formación de personas, al igual que el ejemplo del burrito y el trapiche, están cayendo cada vez con mayor frecuencia en realizar en acciones que se desarrollan de manera circular y, por tanto, aburridas, desgastantes y hasta carentes de sentido tanto para alumnos, padres de familia y hasta para maestros.
La formación recibida dentro de las diferentes familias, lleva a transformar en costumbres y hábitos diferentes acciones que, desde puntos de vista morales y de valores sociales y civiles son absolutamente necesarias, pero que dichas acciones se producen ya de manera mecánica hasta convertirse en una dinámica circular, predecible y en la que basta con acatar órdenes y realizar lo que se ordena, sin la menor posibilidad de aportar o mucho menos proponer otras formas u objetivos a lograr.
Por lo anterior, resulta de lo más normal el escuchar que en algunos hogares, la participación de niños, adolescentes y hasta jóvenes encuentran que sus opiniones no son tomadas en cuenta y que su papel dentro del núcleo familiar consiste en simple y sencillamente obedecer lo prescrito; es entonces que se encuentra como una experiencia distinta el salir del hogar y confrontar de manera individual las diferentes realidades.
En lo que respecta a las acciones escolares, los alumnos “ya se la saben”, es decir, ya se conocen de memoria cómo se juega este juego: en las diferentes escuelas de los distintos niveles educativos la dinámica es llegar sacar un cuaderno, escuchar lo que dice o anotar lo que escribe un maestro o maestra, memorizarlo y regresarlo tal cual en una examen o cumplir con algún producto, tarea o trabajo que se haya encargado y obtener como resultado un número, siempre y cuando tener cuidado que éste sea mayor a 6, porque de lo contrario se corre el riesgo de ser echado del proceso educativo y esta acción se repite circularmente al avanzar de grado o cambiar de escuela.
La expectativa que se tiene cuando los procesos educativos se vuelven circulares es el tener el dominio de contenidos tal y como se describen en programas y libros de texto; incluso, el ser docente y lograr que sus alumnos repitan fielmente esta mecánica, mediante exámenes y evaluaciones estandarizadas o encomendadas en las zonas escolares, los vuelve maestros “de calidad” tal cual si fueran supervisores de una línea de producción industrial, con productos elaborados siempre con el mismo procedimiento y con los mismos resultados.
Llega el momento en que procedimientos educativos circulares transforman el proceso en un fastidio y en acciones aburridas; basta con preguntar a una población de alumnos sobre su estancia en los diferentes planteles y aulas para corroborar lo anterior; de hecho, cuando falta un docente o no se tiene la clase correspondiente, éstos festejan de manera jubilosa, tal cual si hubieran logrado librarse de algo que les causa un perjuicio.
Resulta que también muchos docentes pasan por el mismo trauma, cansados ya de repetir circularmente el mismo procedimiento, atiborrados de enormes tareas administrativas y teniendo ante ellos grupos de alumnos que, cada vez, resultan más complicados de conducir; el colmo es que hasta los mismos profesores festejan y sienten alegría al tener suspensiones de clase y los tradicionales “puentes” en donde se retiran de caminar en círculos.
El proceso educativo de hijos y alumnos, encuentra una gran diferencia cuando comparamos acciones circulares con aquellas que son en espiral, sobre todo si estas últimas son en ascenso; cierto, en ambos casos al repetir el ciclo se pasa por el mismo lugar, pero en la última se tiene otra dimensión, altura, crecimiento, perspectiva y, sobre todo, sentido de lo que se está haciendo y al mismo tiempo permitirse apreciar, en cada vuelta, cosas distintas.
Lo circular es el contenido y acciones “duras” realizadas en familias y escuelas, provocando seguir caminando con la cabeza gacha, “amarrados al trapiche” sin mirar y apreciar las bondades de la libertad, incluso, resulta paradójico que maestros, padres de familia y alumnos que aunque se les brinda la libertad, siguen caminando en círculos; lo espiral, en cambio, son las múltiples oportunidades de aprender y quedarse con las diferentes sensaciones que este aprendizaje provoca al impulsar otras dimensiones que pertenecen al ser humano; avanzar en espiral es el camino que una educación integral debiera de provocar.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx
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