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Mirador

Por Armando Fuentes Aguirre

Enero 20, 2026 03:00 a.m.

A

 John Dee, alquimista, tuvo la inmensa fortuna de hallar por fin la piedra filosofal, mágica sustancia a cuyo toque todo se convertía en oro.

         Esa fortuna fue su mayor desgracia. Se volvió soberbio, avaricioso. Dejó a los amigos verdaderos que tenía y se allegó un centenar de amigos falsos. Las mujeres lo buscaron no por lo que era, sino por lo rico que era. Perdió el sueño, que antes encontraba sin dificultad. Temía que le robaran la tal piedra. Dejó casi de comer: pensaba que lo iban a envenenar para quitársela.

         Supo que si seguía así iba a morir. Un día se decidió. Tomó la piedra filosofal y la arrojó al mar. Luego entregó a los pobres todo lo que tenía. Dejó únicamente lo necesario para no ser pobre él también.

         Esto que he relatado parece prédica moral. Una de las desdichas de quien llega a la mayor edad consiste en volverse moralista. Nadie haga caso, entonces, de la moraleja. Quien quiera poseer la piedra filosofal búsquela. Yo ya he dicho dónde está: en el fondo del mar. 

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