Repercusiones México-Infantino
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En lo que ha sido la noticia menos sorprendente a nivel mundial de las últimas dos semanas —impulsado por las ganancias sin precedentes de la Copa del Mundo de este año—, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha seguido adentrando a la organización en las aguas inexploradas del capital global. No es una sorpresa, pues constituye un paso más en su historial de comportamiento, pero también pone de manifiesto su tendencia a emular a muchos autócratas del mundo, viendo su territorio como una especie de feudo personal bajo su mando directo, donde los procesos establecidos son poco más que una distracción. Por tanto, no extraña que Infantino fuera uno de los invitados destacados a la investidura del nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, en Cali, Colombia. No se trata de una cuestión de izquierda contra derecha; a fondo es un tema ejemplar, aspiracional, de cómo gobernar sin frenos o límites. Para muchas figuras políticas —ya sean Daniel Ortega en Nicaragua, los Castro en Cuba, Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina y ahora de la Espriella en Colombia—, el proyecto no consiste en dar continuidad a un propósito nacional, sino en arrasar con todo lo anterior. Se trata, de hecho, de un proyecto de construcción nacional, no de evolución; buscan remodelar sus países a su propia imagen. Es a esto a lo que aspira Infantino con la FIFA, y es a esta postura a la que la Federación Mexicana de Fútbol ha decidido adherirse al expresarle públicamente su apoyo esta semana.
El respaldo de la FMF a Infantino pone de manifiesto una contradicción inherente a las instituciones administrativas mundiales —una situación sin salida hasta el momento— que hemos presenciado con demasiada frecuencia y de la que dichas entidades (la FIFA, la ONU, la Organización de los Estados Americanos, etc) no han logrado desprenderse: la tentación de anteponer el interés propio al bien común. En muchos aspectos, por supuesto, esta ha sido siempre una de las deficiencias intrínsecas de todo proceso democrático: la tendencia del voto a centrarse en intereses particulares o locales, aun sabiendo que, sin bienestar colectivo, todos salen perjudicados al final. Es un recordatorio oportuno de la célebre frase de Winston Churchill, pronunciada en 1947 tras la Segunda Guerra Mundial: «La democracia es la peor forma de gobierno, a excepción de todas las demás formas que se han probado».
Ante este panorama, resulta imposible considerar el apoyo de la FMF a Infantino como una postura ingenua —especialmente en el contexto de la exigencia de la CONCACAF de realizar un «balance exhaustivo» de su presidencia—, y es precisamente esto lo que ha llevado a los analistas a especular sobre los motivos por los que la FMF ha decidido desmarcarse de la CONCACAF en este momento. Los rumores que circulan sugieren que se percibe como una posible oportunidad para que el fútbol mexicano se desligue de la CONCACAF —una región que, según las críticas, ha limitado durante mucho tiempo su crecimiento, tanto en el ámbito comercial como en el deportivo— y se vincule con un socio futbolístico internacional mucho más atractivo: la CONMEBOL sudamericana.
Sería una medida audaz —algo poco habitual en la FMF—, aunque son bien conocidas sus ambiciones de trascender sus propios límites: desde su participación en la Leagues Cup (que une a la MLS y la Liga MX), las conversaciones privadas y continuas sobre posibles fusiones futuras, hasta el fomento tácito para que los clubes de la Liga MX incorporen jugadores extranjeros con el fin de aumentar el interés internacional en el campeonato nacional. No cabe duda de que todas estas iniciativas tienen un trasfondo comercial y —a la luz de los acontecimientos recientes— requieren del respaldo de socios poderosos.
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Tras los sucesos político-futbolísticos de esta semana, la FMF puede tener la certeza de que, cualquiera que sea el camino que decida emprender, contará con el apoyo del presidente de la FIFA. Pero siempre vale la pena recordar que, si vas a comer con el diablo, es mejor usar una cuchara larga.









