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Trampa

Por Marta Ocaña

Noviembre 26, 2025 03:00 a.m.

A

Más que una postura, tengo cuestionamientos.

Y no solo cuestionamientos propios: son mis cuestionamientos sobre los cuestionamientos que las autoridades lanzan cada día contra quienes exigen algo tan básico como justicia, transparencia o condiciones dignas para vivir y trabajar.

Cuestionamientos sobre todo aquello con lo que despertamos, convivimos y nos acostamos.

Cuestionamientos sobre por qué se señala a quienes ejercen legítimamente su derecho a marchar —excepto, claro, a los delincuentes disfrazados de activistas—. ¿No era su consigna que el pueblo estuviera mejor?

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Cuestionamientos sobre las descalificaciones contra agricultores que piden precios justos frente a los privilegios de los monopolios del maíz, la tortilla y buena parte del campo.

¿Qué los agricultores no forman ese pueblo del que habla el partido en el poder?

Cuestionamientos sobre los transportistas que sobreviven pagando derecho de paso a la delincuencia y a la GN para poder mover sus mercancías.

Cuestionamientos sobre periodistas que se atreven a destapar anomalías de nuestras burocracias y cámaras legislativas, y que por ello son acusados de enemigos del Estado.

Cuestionamientos sobre quién es considerado “el pueblo” y quién queda fuera de ese concepto maleable que se usa para dividir y no para unir.

Y también, cuestionamientos sobre la narrativa oficial que intenta reducir cualquier inconformidad social a conspiración o manipulación, en vez de admitir que hay un dolor real que recorre el país.

Cuestionamientos sobre por qué se exige lealtad al poder, y no lealtad al Estado de Derecho, que debería ser la verdadera columna vertebral de toda democracia.

Todo esto —y una lista mucho más larga— surge porque día tras día escucho cuestionamientos desde la tribuna mañanera, dichos con una autoridad moral que se descarapela, se desgaja y deja ver la fragilidad de su propio argumento.

Y ante tantos cuestionamientos, propios y ajenos, solo me queda una convicción: un país no se debilita porque su gente cuestione; se debilita cuando quienes gobiernan dejan de hacerlo.