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El gobernador de los 14 días

Un sistema electoral imperfecto  y una oposición creciente, quitó a Fausto Zapata la gubernatura

Por Martín Rodríguez

Octubre 10, 2026 03:00 a.m.

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El gobernador de los 14 días
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      La fecha detonante del 35 aniversario. Un proceso electoral imperfecto que enfrentó a dos candidatos a gobernador competitivos, no dejó ni 15 días en la gubernatura al candidato declarado ganador. El 9 de octubre de 1991, Fausto Zapata Loredo, se vio obligado a renunciar a la gubernatura para pacificar al estado, convulsionado por casi seis años continuos de luchas políticas por el piso parejo entre competidores electorales.

      Aquí y en los 32 estados, la renuncia de un gobernador solo se puede dar por causa grave y en este caso, San Luis Potosí era ingobernable.

      Sus partidarios lo siguen calificando como alguien que pudo haber sido un extraordinario gobernador y los opositores de la época, no juzgaban al candidato, sino al proceso electoral que impugnó el opositor Salvador Nava Martínez, con una creciente insurgencia civil que fue sumando partidarios y adeptos conforme se calentaba el escenario político.

      El nombre de Fausto Zapata, resurgió después de una serie de licencias sucesivas solicitadas por el entonces gobernador Florencio Salazar Martínez, quien en un principio pidió 20 meses para retirarse del cargo y renovó las licencias en periodos de 14 meses hasta el fin de la administración estatal.

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      En diferentes ocasiones, la prensa local lo ubicaba como el gobernador que terminaría el sexenio, entregado en interinatos al ex funcionario judicial Leopoldino Ortiz Santos.

      Eran tiempos de convulsión política, donde el reclamo común era la falta de piso parejo para los participantes en las contiendas por la gubernatura, alcaldías y diputaciones. Fue el tiempo de un Partido Revolucionario Institucional hegemónico, de presencia tan enraizada que contaba con oficinas de organización hasta en las comunidades más escondidas de la 

      Sierra oaxaqueña. 

      Sin embargo, también era la época del hartazgo por un sistema electoral que ya estaba mal evaluado desde 1958, por la Unión Cívica fundada por profesionistas universitarios, empresarios y principalmente médicos con el entonces rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí Manuel Nava Martínez a la cabeza, liderazgo que tras su muerte retomaría por elección del grupo, su hermano Salvador, el primero de ellos cardiólogo y el segundo oftalmólogo. 

      LA FAMA

      El estado de San Luis Potosí cobro fama nacional por el desarrollo de reuniones de contenido político en plena dictadura de Porfirio Díaz, para discutir los términos de la lucha política que derivaría en la Revolución Mexicana, en reuniones sucesivas en el Teatro de la Paz. Finalmente, esta tierra sería la cuna de 

      esa revolución. 

      Esa fama dio un giro cuando un influyente político, Saturnino Cedillo, encabezó un fallido bombardeo aéreo al entonces presidente de México Lázaro Cárdenas, lo que propició el nacimiento de otro grupo de influencia encabezado por Gonzalo N. Santos, sistema que tardó dos décadas en desgastarse, justo cuando surgió el movimiento navista, este, con posturas de oposición de alcance nacional. De ahí la fama de que San Luis encabezaba la oposición.

      El sistema político de la época no daba cabida ni a la más mínima expresión de oposición, y fue así como la primera elección competida por la gubernatura, en 1961, terminó aplastando al navismo, con la intervención del ejército para arrestar a los cabezas del movimiento pacífico de la época, incluyendo al alcalde con licencia y candidato a gobernador Salvador Nava Martínez, juzgarlos y torturarlos. Lejos de aminorar, la oposición creció y terminó por exhibir a San Luis Potosí en el escenario internacional.

      LA INSURGENCIA CIVIL 

      La oposición ya enraizada, terminó por no tolerar ni el más mínimo gesto de imposición de políticos o de reglas del juego. Luego de dos gobiernos que mantuvieron una postura conciliadora, transcurrieron los dos sexenios del gobierno estatal sin sobresaltos y en 1982, empresarios y políticos organizaron la "comida del recuerdo" que reavivó al movimiento navista.

      Los empresarios se acordaron volver a postular a Salvador Nava Martínez para la alcaldía de la capital y como si no hubieran corrido las generaciones, volvió a responder como oposición, a base de votos, para ganarle al partido de la época.

      La siguiente elección, en 1985, provocó tal nivel de enfrentamiento político, que el sistema de la época generó tal fuerza opositora, que no permitió la instalación del gobierno municipal de Guillermo Medina de los Santos, sin que al menos hubiera una protesta de los impulsores del candidato Guillermo Pizzuto Zamanillo.

      En el movimiento se infiltraron porros que se enfrentaron con los navistas que protestaban, en tanto el gobernador de la época participaba en un evento privado para la toma de protesta del alcalde. Los infiltrados incendiaron el Palacio Municipal para tratar de colgarle la hazaña al grupo navista. Sin embargo, los agresores fueron exhibidos por los propios medios de comunicación. 

      La presión creció y el gobernador interino se vio obligado a reconocer el triunfo del opositor Guillermo Pizzuto Zamanillo para la elección de la alcaldía 1989-1991. Para entonces ya crecían tanto la izquierda como la derecha mexicana, al grado que el gobierno de Carlos Salinas de Gortari no fue reconocido por los candidatos presidenciales Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra de Piedra, Heberto Castillo y Manuel J. Clouthier. La oposición contagió a la capital potosina, que con el movimiento navista y partidos opositores crecieron. 

      El Partido Revolucionario Institucional eligió a su candidato y optó por el ex diplomático Fausto Zapata Loredo, identificado por la oposición mexicana por su participación en los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez.

      Para entonces, partidos de izquierda y de derecha se sumaron para postular nuevamente a Salvador Nava por la gubernatura con dos posibilidades: no ganar la elección pero pugnar por una reforma electoral o conseguir la gubernatura y modificar las reglas del juego. 

      Salvador Nava y Fausto Zapata coincidieron en una campaña donde chocaron como oposición, llevaron una campaña frontal y persistieron las denuncias por inequidad en el desarrollo del proceso, una campaña del partido oficial que contaba con todos los recursos para movilizarse y buscar el voto, trato inequitativo que relacionaban con el control que ejercía el órgano electoral por entonces controlado por la Secretaría General de Gobierno. Prevalecía la inequidad incluso en la distribución de los tiempos y espacios publicitarios. A pesar de ello, el movimiento opositor creció y llenaba la plaza de los fundadores sin necesidad de acarreo.

      El 18 de agosto de 1991, el desarrollo de la elección causó denuncias de las diligencias nacionales de los partidos de oposición y del propio Salvador Nava Martínez, por considerar que se trató de una elección fraudulenta con el pronóstico de una calificación de colegio electoral para dar el triunfo a Fausto Zapata, fuerza que se vio animada porque en Guanajuato, el candidato opositor Vicente Fox Quesada denunciaba irregularidades en la elección que daría por ganador a Ramón Aguirre Velázquez.

      Las protestas llegaron al grado de enfrentar directamente al gobernador en turno Leopoldino Ortiz, sobre quien lanzaron cacerolas en su sexto informe de gobierno, que cayeron sobre él y el entonces titular de la Procuraduría General de la República Ignacio Morales Lechuga, enviado del presidente Carlos Salinas.

      El propio presidente de México encabezó la ceremonia legislativa de toma de protesta de Fausto Zapata en el auditorio Miguel Barragán, el 26 de septiembre de 1991, mientras la oposición por medio de las mujeres, bloqueó el Palacio de Gobierno para no permitir la entrada del gobernador. Salvador Nava Martínez organizó un meeting ese mismo día por la noche, nuevamente con una Plaza de los Fundadores completamente llena. Anunció el movimiento civil que lo marcó de por vida. La "marcha por la dignidad" partido de San Luis Potosí el 27 de septiembre.

      Desde ahí, solo el día 30 siguiente, Fausto entraría al Palacio de Gobierno arropado por grupos priístas que lo animaron a romper el cerco de las mujeres que bloqueaban todas las puertas del recinto, error político que alejó aún más la posibilidad de una negociación con la oposición.

      EL VACÍO

      Fausto Zapata atendió arranques de obra en diversas partes del estado, despachó asuntos en la Casa de Gobierno y de manera reiterada hablaba de la posibilidad de negociar con Salvador Nava Martínez.

      Sus últimas ruedas de prensa ya denotaban inseguridad. 

      Una ya sus últimas presentaciones ante los periodistas, se caracterizó por el llamado reiterado a que Salvador Nao Martínez regresara de la marcha por la dignidad.

      El 9 de octubre, el despacho de gobernador en el palacio del gobierno amaneció con un gobernador ausente. El vacío se percibió por una extraña ausencia de la Ayudantía, lo que facilitó las sospechas porque un medio de comunicación tuvo acceso a tomar video del despacho sin titular del Ejecutivo.

      Por la tarde y en el centro de la presión política, Fausto Zapata envió por correspondencia una carta al Congreso del Estado, en la que notifica su "decisión unipersonal" de renunciar al cargo de gobernador, para contribuir a la pacificación del estado. Apenas era procesada la carta, y el ex embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, llegaba por aeropuerto para instalarse y esperar instrucciones.