logo pulso
PSL Logo

ABUELA MANGO, UNA HISTORIA FAMILIAR

El teatro como camino para reencontrarse con una abuela que hablaba náhuatl

Por Estrella Govea PULSO

Junio 15, 2026 03:00 a.m.

A

Galeria

Hace veinte años murió Lupe, una mujer nahuahablante de la Huasteca potosina. Su nieta, la actriz y creadora escénica Luisa Olivares, apenas pudo conocerla. Sin embargo, dos décadas después, el teatro abrió una posibilidad inesperada: encontrarse con ella.

De esa búsqueda nació Abuela Mango, un proyecto desarrollado con apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico 2025 que utiliza la escena para reconstruir la vida de una mujer marcada por el matrimonio infantil, la maternidad temprana, la pérdida de la lengua en las generaciones posteriores y las condiciones de desigualdad que enfrentaron muchas mujeres indígenas durante el siglo pasado.

La obra comenzó a tomar forma durante un laboratorio de dramaturgia impartido por Sayuri Navarro. Aunque la idea inicial de Olivares era explorar la historia de la familia materna, la figura de la abuela apareció de manera constante hasta convertirse en el centro del proyecto.

"Fui jalando el hilito y poco a poco apareció mi abuela, cuya historia siempre me ha conmovido mucho", recuerda Olivares.

¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí


LA HISTORIA DE LUPE

Lupe vivió gran parte de su vida en El Naranjito, comunidad de la Huasteca potosina. Hablaba únicamente náhuatl, fue casada a los 12 años con un hombre mayor que ella y tuvo alrededor de doce hijos. Su vida estuvo atravesada por distintas formas de violencia y por las limitaciones que enfrentaban las mujeres indígenas en contextos rurales.

La creadora de la obra reconstruyó esta historia a partir de los recuerdos de sus tías, de su madre y de otros familiares. Los testimonios revelaron una vida marcada por dificultades, pero también por momentos de alegría, humor y ternura que permanecieron en la memoria familiar. El proceso permitió recuperar fragmentos de una mujer que permanecía presente en relatos dispersos y en objetos conservados durante años por su familia.

VIAJAR A LA HUASTECA PARA 

RECONSTRUIR LA MEMORIA

Como parte de la investigación, el equipo viajó a la Huasteca Potosina para visitar los lugares donde vivió la abuela. Recorrieron la casa donde pasó sus últimos años, conversaron con familiares y visitaron espacios vinculados con su infancia.

Uno de los momentos que más marcaron el proceso ocurrió en una cascada cercana a la comunidad. Para Sayuri Navarro, estos recorridos permitieron ampliar la investigación más allá de los testimonios humanos. "Quizá las personas no nos podrían contar la historia completa, pero seguramente la cascada sí nos podría contar cómo se sentía la abuela", señala la directora.

Durante el viaje, tanto la escritura como la observación del territorio se convirtieron en herramientas fundamentales para acercarse a una historia que no podía reconstruirse únicamente a través de documentos o registros familiares.

UNA MÁQUINA DEL TIEMPO

La obra se desarrolló desde los principios del Teatro Conjurado, línea de investigación impulsada por Sayuri Navarro que concibe la escena como un espacio donde pueden ocurrir encuentros imposibles.

Desde esta perspectiva, el teatro funciona como una herramienta capaz de relacionar pasado, presente y futuro. La puesta en escena no intenta representar de forma literal a la abuela Lupe, sino generar las condiciones para que su memoria pueda manifestarse a través de la palabra, los objetos, la luz y la presencia de la actriz.

"Una chica me invitó a dirigir un proyecto porque quiere conocer a su abuela que murió hace veinte años y hablaba náhuatl", explica Navarro. "El teatro nos permite imaginar más allá de las convenciones y ensayar otras formas de relacionarnos con quienes ya no están".

RECUPERAR UNA LENGUA

Uno de los descubrimientos más importantes para Luisa Olivares fue el acercamiento al náhuatl, lengua que hablaba su abuela.

La actriz comenzó a estudiarla durante el proceso creativo y encontró en ella una forma de acercarse a una parte de su historia familiar que parecía perdida. El aprendizaje también la llevó a reflexionar sobre los procesos de desplazamiento lingüístico que han afectado a numerosas familias indígenas.

La búsqueda no fue sencilla. Encontrar hablantes de la variante de náhuatl de la Huasteca Potosina se convirtió en un reto que evidenció la fragilidad de una lengua que durante generaciones fue desplazada por el español. La obra incorpora esta reflexión y plantea la recuperación lingüística como una forma de memoria y resistencia cultural.

DEL DOLOR A LA TERNURA

Aunque el montaje aborda temas como el matrimonio infantil, la violencia estructural, la negligencia institucional y el dolor heredado entre generaciones de mujeres, sus creadoras decidieron que la herida no fuera el eje principal del relato.

La imagen del mango, presente desde el título, funciona como una representación de la dulzura y el afecto que atraviesan la historia. "Decidimos poner el amor al centro", afirma Navarro.

La obra propone sostener el dolor sin negarlo, pero también reconocer aquello que permitió a las mujeres seguir adelante. El amor, la memoria y la comunidad aparecen como fuerzas capaces de acompañar procesos de reparación.

OBJETOS QUE CONSERVAN UNA PRESENCIA

La presencia de la abuela se construye a través de elementos concretos. En escena aparecen sus faldas, una jícara que perteneció a la familia, fotografías, flores y otros objetos vinculados con su vida cotidiana. Para las creadoras, estos elementos conservan rastros de quienes los utilizaron y funcionan como puentes entre generaciones.

La luz también ocupa un papel central en la puesta en escena. Velas, cerillos y distintos recursos lumínicos acompañan la construcción de una presencia que nunca se muestra de forma directa, pero que permanece durante toda la obra.

HISTORIA QUE HABLA 

DE MUCHAS MUJERES

Aunque Abuela Mango nace de una experiencia personal, sus creadoras insisten en que no se trata únicamente de la historia de una familia. La obra aborda problemáticas que siguen presentes en numerosas comunidades y reflexiona sobre las experiencias compartidas por distintas generaciones de mujeres indígenas. También cuestiona la idea de que los pueblos originarios pertenecen al pasado.

Para Sayuri Navarro, uno de los objetivos del proyecto es recordar que estas culturas siguen vivas y continúan formando parte del presente. Desde esa perspectiva, Abuela Mango se convierte en una invitación a mirar la memoria familiar, reconocer la presencia de quienes estuvieron antes y preguntarse qué herencias permanecen en el cuerpo, en la lengua y en la forma de habitar el mundo.

La obra cuenta con actuación de Luisa Olivares, dirección de Sayuri Navarro, asistencia de dirección de Alejandro Acosta, dramaturgia de Luisa Olivares y Sayuri Navarro, y registro fotográfico de Pablo Melgoza.

En escena, la búsqueda de una nieta por conocer a su abuela termina por abrir preguntas más amplias sobre identidad, lengua, territorio y memoria.

Abuela Mango plantea que las historias de las mujeres indígenas no pertenecen al pasado, sino que continúan presentes en las familias, en las palabras que sobreviven y en las heridas que aún buscan reparación.

Desde ese lugar, la obra transforma una historia familiar en una reflexión colectiva sobre aquello que permanece vivo generación tras generación.

FOTO 1

Luisa Olivares cuenta la historia de Lupe.

FOTO 2

FOTO 3

El náhuatl como puente entre generaciones

FOTO 4

FOTO 5

FOTO 6

Teatro para dialogar con los ancestras.

FOTO 7

Recuperar la lengua, recuperar la memoria.

FOTO 8

FOTO 9