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El final de la era neoliberal

Por Colaboradores

Enero 20, 2026 03:00 a.m.

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Regresemos por un momento al 2024. Para México, un año marcado por la llegada de nuestra actual presidenta, la Dra. Claudia Sheinbaum. También un momento en el que la planeación en materia de política exterior y seguridad nacional se construyó sobre supuestos que entonces resultaban funcionales. Ese año aún permitía pensar en trayectorias de mediano plazo, es decir: diseñar rutas hacia 2030 y más, confiando en que la gestión institucional del riesgo seguiría siendo un instrumento eficaz. Entonces llegó enero de 2026 y ese marco dejó de describir la realidad.

Hoy, el entorno internacional se encuentra en lo que para muchos analistas es el ojo de un huracán, pues el suceso que representa la relación Estados Unidos y Venezuela, avisa que las reglas del juego deberán cambiar.

En este contexto, habría que reconocer el fin de la era neoliberal que promovía el libre mercado, la apertura de fronteras, el adelgazamiento del Estado y la diversidad cultural con el reconocimiento de sus derechos por una etapa encabezada por EU, caracterizada por el proteccionismo, un nacionalismo que rechaza la diversidad, impone la presencia del Estado de manera autoritaria y violenta tanto a sus compatriotas como al resto del mundo.

Bajo esta lógica, la estabilidad ya no depende solamente de acuerdos amplios o de reglas compartidas. Ahora más que antes, esta estabilidad estará condicionada a la presencia real de capacidades institucionales disponibles y decisiones tempranas perfectamente analizadas y sostenidas por la evidencia disponible.

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América Latina refleja con claridad este desplazamiento, ahora nuestra región vuelve a ser el centro de la geopolítica global, aunque desde una posición incómoda: más visible, más presionada y con menor margen de maniobra.

Para México, el desfase entre lo supuesto en 2024 y la realidad que apenas se asoma en este primer mes del año, tendrá efectos inmediatos. Ahora más que nunca nuestra capacidad de adaptación, la coherencia entre nuestros diagnósticos y las respuestas a ellos, así como nuevas lecturas a la realidad, serán claves para determinar el margen efectivo de acción para los meses restantes.

Estamos ante el fin de una era, aún no se termina de dibujar el escenario futuro, aunque ya da muestras de cómo se sentarán las bases. La unidad nacional está asociada a la capacidad de gobernar en momentos de crisis. Nuestra presidenta ha sorteado con éxito las tensiones, pero necesita que nuestros apoyos individuales e institucionales estén en la lógica de sus expresiones y de la gobernabilidad democrática. Trabajemos en ello.