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Familia y escuela Capítulo 315: Apoyo psicosocial en jóvenes estudiantes

Por Gustavo Ibarra Hurtado

Abril 29, 2026 03:00 a.m.

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Resulta clásico que se ubique al periodo de la adolescencia como aquel que, debido a las características de quienes pasan por esta etapa sean los que necesitan mayor y mejor apoyo individual hacia sus actividades, acciones, ideas y en general hacia la conformación de su personalidad.

Es en ese momento en donde, el propio término: “adolescencia” configura su significado al determinar que “es la etapa de transición entre la niñez y la edad adulta, aproximadamente entre los 10 y 19 años, marcada por intensos cambios biológicos, cognitivos y sociales. Se caracteriza por la búsqueda de identidad, autonomía y la remodelación cerebral. Es un periodo de vulnerabilidad y oportunidades para el desarrollo de la personalidad” (IA)

Es ya sabido también que, es en esta etapa, cuando los adolescentes son inquietos y por lo general difíciles de tratar y conducir, así como el tener reacciones, actitudes y conductas de rebeldía muchas veces fuera de orden y escapando a toda la lógica de las normas sociales.

Por todo ello, es que los esfuerzos de brindar apoyo psicosocial se han centrado en muchachos que pasan por esta etapa de su desarrollo; bastaría con recordar ahora como adultos, las conductas, acciones y peripecias que pasamos cuando transitamos por esa edad.

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Sin embargo, el suponer que es en esta etapa en donde solamente se requiere dicho apoyo, o que es en donde más urge, resulta insuficiente, puesto que para todos aquellos docentes y padres de familia que tienen alumnos e hijos cursando niveles de educación superior, bien sea en bachillerato, licenciatura y niveles posteriores, se han dado cuenta que este apoyo es más que necesario y hasta con la misma urgencia que los adolescentes de secundaria.

La inestabilidad que en cada personalidad se genera en jóvenes, bien sea por características generacionales y la llamada “generación de cristal... término usado para describir a los jóvenes nacidos después de 1995-2000 (Generación Z), caracterizados por una supuesta fragilidad emocional, alta sensibilidad y baja tolerancia a la frustración” (IA)

Por lo acelerado de los cambios sociales que impacta con todas las actividades, roles, estructuras y maneras de comunicación que, irremediable y urgentemente, piden que hay que adaptarnos a ellos, previendo conformar una personalidad acorde con la realidad que se vive.

De igual forma por la loza que hacemos caer sobre su espalda cargada de la responsabilidad que un mayor de 18 años debe llevar a cuestas, con la presión que ejerce la familia y la escuela para cumplir con todos los formatos, reglas y normas establecidas: ¡Produce, trabaja, ejerce tu voto, termina una carrera profesional, no fumes, no tomes, no tatuarse el cuerpo! Y cientos de encomiendas más que a alguien de esa edad se le imponen, para ser productivo, como los demás esperan que lo sea, agradando a familiares y a la sociedad.

Ante todas estas condicionantes, se le aumenta el tener que sobrevivir a la soledad virtual, provocada por el tránsito diario, concomitante y frenético en la jungla de las redes sociales en donde se encuentran acompañados virtualmente por miles de seguidores, tan reales como la imaginación de quien los percibe, pero al mismo tiempo tan lejanos que no puedes tocarlos o sentir físicamente su presencia, oler su aroma, abrazarlos ni besarlos.

Se menciona que la conformación de la personalidad ocurre durante el transcurso de toda la vida, a través de los distintos aprendizajes y vivencias por las que vamos pasando, incluso, al morir, tenemos esa última lección de transición de un plano al otro; mientras tanto, las redes sociales han suplantado a la familia y la escuela, en la tarea de fomentar la construcción de una personalidad sana de cada joven mayor de 18 años.

Lo anterior resulta en la mayoría de las ocasiones grave, sobre todo teniendo en cuenta que en las redes sociales tenemos influencias de todo tipo, desde aquellas positivas que van desde capacitación, orientación psicosocial y hasta apoyo académico; además de tramitar compañía y programas para apoyar a las mascotas como seres vivos no humanos, entre muchos otros beneficios.

Sin embargo, en el otro extremo se encuentran aquellas que, aprovechando su “soledad virtual”, empujan ideológicamente a convertir su personalidad en asesino, al practicar acciones misóginas y agresivas a grado tal de atentar contra la vida de aquellos a quienes se les enseñó a odiar o a guardar rencor, no importando que sea su familia o compañeros de escuela incluso, a autoflagelarte o a cometer suicidio.

Es un hecho, los jóvenes requieren, tanto o más de apoyo psicosocial que los adolescentes de secundaria; y las familias y escuelas lo están omitiendo bajo la premisa de que ya su edad le permite asumir, libre e individualmente, todas las responsabilidades que alguien más determinó que las deben ejecutar.

Educativa y formativamente el apoyo psicosocial que se les debe brindar es un “proceso integral que promueve el bienestar emocional, mental y social de personas y comunidades, especialmente tras crisis, emergencias o situaciones de vulnerabilidad. Busca fortalecer la resiliencia, aliviar el sufrimiento, fomentar la capacidad de toma de decisiones y reparar el daño emocional, integrando el entorno familiar y social” (IA)

Comentarios: gibarra@uaslp.mx