In-D: Un año sin Ozzy
Su legado musical y cultural sigue vigente para millones de seguidores

Resumen
Destacados
Preguntas y respuestas
En la infancia siempre sentí una especial fascinación por esos documentales que lanzaban hipótesis de cómo sería el planeta tierra si los humanos se extinguieran repentinamente. Son esos que intentan responder una pregunta tan inquietante como sencilla: ¿qué pasaría si la humanidad hoy mismo?
No hablan de explosiones nucleares ni de invasiones extraterrestres. Simplemente imaginan que, de un momento a otro, todos los seres humanos dejamos de existir. Al principio no ocurre gran cosa. Los relojes siguen marcando la hora. Los semáforos continúan cambiando de color. Los perros esperan frente a puertas que nunca volverán a abrirse. Días después la electricidad comienza a fallar. Meses más tarde las ciudades empiezan a ser reclamadas por la vegetación. Décadas después los edificios se derrumban. Siglos después apenas quedan cicatrices que indiquen que alguna vez estuvimos aquí.
Mientras tanto, el Sol sigue saliendo todas las mañanas. El universo no se inmuta. Siempre me ha parecido una lección de humildad. Crecemos creyendo que nuestra vida es el centro de todo, pero basta con desaparecer para descubrir que el planeta continúa girando exactamente igual. Después de todo, quizá no somos tan importantes.
Hace un año murió Ozzy Osbourne. Y el mundo hizo exactamente lo que el universo acostumbra hacer con todas las pérdidas: siguió adelante. Los vuelos despegaron a tiempo. Las bolsas de valores abrieron como cualquier otro día. Los niños fueron a la escuela. Hubo guerras, elecciones, bodas, divorcios, goles y atascos de tráfico. El calendario jamás reservó un espacio para el duelo colectivo.
¡Sigue nuestro canal de WhatsApp para más noticias! Únete aquí
Pero el para cosmos fue completamente indiferente. Porque los seres humanos vivimos en pequeños universos alternos. Nuestro universo está hecho de canciones, películas, libros, recuerdos y voces que terminan convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano. Ahí sí hay ausencias que modifican la gravedad.
Porque un año después, el mundo del heavy metal ya aprendió a vivir sin Ozzy. Pero vivir sin alguien no significa que nada haya cambiado. Poco a poco comenzarán a aparecer generaciones que nunca lo vieron subir a un escenario. Para ellas, Ozzy será un nombre en una camiseta, una fotografía en blanco y negro, una recomendación de Spotify o un viejo video de YouTube donde un hombre de cabello largo parecía desafiar todas las reglas de la cordura.
Así empieza la inmortalidad. Los íconos dejan de pertenecer a la actualidad para convertirse en patrimonio cultural. Dentro de algunos años alguien descubrirá Paranoid por accidente. Otro escuchará Crazy Train en una película. Algún adolescente aprenderá que Black Sabbath prácticamente inventó un lenguaje musical completo. Y probablemente se sorprenderá al descubrir que ese anciano simpático que veía en un reality show fue, décadas antes, el hombre que hizo creer al mundo que la oscuridad también podía cantarse.
Es curioso. Durante mucho tiempo pensamos que el personaje era inmortal. El Príncipe de las Tinieblas. El hombre que mordía murciélagos, destruía habitaciones de hotel y sobrevivía a todos los excesos imaginables. Con el paso del tiempo entendimos que el verdadero milagro nunca fue el personaje. Fue el ser humano.
Ese muchacho tartamudo nacido en Birmingham, hijo de una familia obrera, que salió de una fábrica para terminar cambiando la historia de la música con una voz que ningún profesor de canto habría considerado perfecta.
Es paradójico, pero Ozzy no alteró el curso del universo, ni la rotación de la Tierra. No movió un solo planeta de su órbita. Dentro de mil millones de años, cuando el Sol agote su combustible, dará exactamente lo mismo que haya existido Black Sabbath.
Pero nosotros no medimos el tiempo en miles de millones de años. Lo medimos en canciones, en discos que acompañaron una adolescencia, en conciertos que marcaron una amistad y en una guitarra que alguien decidió aprender porque escuchó el riff de Iron Man.
Ese es nuestro universo. Y en ese universo sí falta alguien. Quizá ésa sea la mejor forma de medir una vida. No por los cambios que provoca en el cosmos, sino por los pequeños universos que deja distintos para siempre. Hace un año murió Ozzy Osbourne. El Sol siguió saliendo y la Tierra siguió girando. Pero, para millones de melómanos, el mundo irremediablemente se detuvo para siempre.










