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La importancia de la comunicación

Por Colaboradores

Febrero 01, 2026 03:00 a.m.

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La comunicación es inherente a toda relación humana. En prácticamente todo momento emitimos y recibimos mensajes, ya sea de manera verbal, no verbal o escrita. En cada interacción existe una intencionalidad: nos comunicamos porque necesitamos algo del otro.

Este fenómeno puede analizarse en distintos planos. Uno de ellos es el de la comunicación organizacional y sus derivaciones más conocidas: la comunicación corporativa, empresarial e institucional, incluida la de carácter gubernamental. Desde esta perspectiva, toda organización que comprenda realmente el valor de la planeación estratégica de su comunicación la asumirá no como un complemento, sino como un elemento central para alcanzar sus objetivos.

La comunicación no se limita —ni depende— de campañas costosas o de una presencia constante en medios. Concebida de manera integral, incluye la comunicación interna, la relación con actores clave y la construcción de vínculos con audiencias diversas. En la actualidad, además, exige una atención cuidadosa a los entornos digitales, donde los mensajes circulan con velocidad, pero también con alta fragilidad.

En contextos políticos, empresariales, culturales o sociales, resulta fundamental articular una narrativa propia: un hilo conductor que permita dar sentido, coherencia y dirección a lo que se comunica. Esta narrativa, aunque hoy se presente como una tendencia, tiene una larga tradición y debe permear todos los productos comunicacionales, unificando valores, principios y propósitos.

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Sin embargo, ninguna narrativa se sostiene si no es coherente con la realidad que pretende representar. Cuando existe una brecha entre el discurso y los resultados, la narrativa termina por colapsar y, con ella, la credibilidad institucional.

Un ejemplo ilustrativo de esta lógica es el Foro Económico Mundial de Davos. Más allá de los discursos, funciona como un dispositivo altamente sofisticado de comunicación estratégica. No importa únicamente lo que ahí se dice, sino cómo se construyen y encuadran los mensajes: líderes hablando de transformación global desde escenarios cuidadosamente diseñados; reflexiones sobre la incertidumbre presentadas con orden, ritmo y una estética controlada. Davos no es solo un espacio de deliberación, es un escaparate de poder simbólico donde un mundo complejo se traduce en narrativas comprensibles y socialmente aceptables. Para quienes trabajamos en comunicación, la lección es incómoda pero clara: en un entorno saturado de mensajes, la influencia no proviene del volumen, sino de la capacidad de enfocar, jerarquizar y dotar de sentido a lo que se comunica, haciéndolo creíble.

De ahí que la comunicación importe, y mucho. La profesionalización de quienes la ejercen dentro de las organizaciones es una prioridad impostergable. Contar con equipos formados, críticos y estratégicos no es un gasto, sino una inversión.

Responder a esta necesidad implica formar comunicadores capaces de algo más que emitir mensajes: profesionales que comprendan que comunicar es construir significados, generar diálogo y asumir responsabilidad sobre el impacto de lo que se dice y de lo que se calla. En un mundo donde todos hablan, la verdadera diferencia la marca quien sabe comunicar con sentido.

(Decana Regional Noroeste de la Escuela de Humanidades y Educación

Tecnológico de Monterrey)

Mtra. Karla Enriqueta López Martínez