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Los impuestos verdes y el modelo de economía circular en México

Por Guadalupe del Carmen Briano Turrent

Septiembre 10, 2025 03:00 a.m.

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Los impuestos verdes también conocidos como “impuestos ambientales” o “impuestos ecológicos”, son un instrumento económico para hacer frente a los retos crecientes del cambio climático y la necesidad de incrementar los ingresos propios de las Entidades Federativas. El impuesto verde se dirige a actividades que generan afectaciones al medio ambiente, como la extracción y aprovechamiento de materiales pétreos, suelo y subsuelo, la emisión de contaminantes al aire, agua o suelo, la descarga no controlada de aguas residuales y el depósito o almacenamiento de residuos.

México, cuenta con una variedad de impuestos ambientales a niveles federal y estatal. A nivel federal, se encuentran el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a las gasolinas, diésel y carbono y el Impuesto sobre Automóviles Nuevos (ISAN). En 2024, se recaudaron 1,177 millones de pesos del IEPS al carbono. Los impuestos verdes estatales, aún representan una fracción marginal del total recaudado, aunque han ido ganando terreno en las legislaciones estatales.

A nivel estatal, en los últimos cuatro años, el número de entidades federativas en México que aplican el impuesto verde pasó de siete en 2021, a dieciocho en 2025, incluido el Estado de San Luis Potosí. El total recaudado a nivel estatal, de acuerdo a datos del año 2023, fue de 2,590.7 millones de pesos, lo que corresponde al 3.5% de los ingresos fiscales. Existe una brecha importante entre entidades federativas, destacando el Estado de Nuevo León, con la mayor recaudación per cápita.

En San Luis Potosí, en diciembre de 2023, el Congreso local aprobó un impuesto ecológico por la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, entrando en vigor el 1 de enero de 2025. Este impuesto establece una cuota de tres unidades de medida y actualización (UMA’s) por cada tonelada de dióxido de carbono equivalente (CO2e) emitida, lo que equivale a 339 pesos por tonelada de CO2e. Existen incentivos fiscales escalonados para grandes emisores de acuerdo al número de toneladas emitidas de CO2e. Por ejemplo, de 15 a 100 mil toneladas al mes (1 UMA), de 100 mil a 250 mil toneladas (0.5 UMA’s), de 250 mil a 1 millón (0.25 UMA’s), más de 1 millón (0.10 UMA’s). Los gases sujetos a este impuesto son CO2e, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre.

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Respecto al cumplimiento y gestión fiscal, es necesario que las empresas identifiquen las obligaciones específicas del impuesto verde en su Estado o país, implementar sistemas de medición, reporte y verificación de emisiones y residuos y asegurar el pago oportuno para evitar sanciones y recargos. El impuesto verde incentiva al sector empresarial a invertir en tecnologías limpias, adoptar el modelo de economía circular, el cual busca cerrar los ciclos de materiales, agua y energía, a través de la reducción de residuos y costos, e impulsar cadenas circulares a través de la reutilización de residuos. El modelo de economía circular se sostiene en siete pilares básicos: rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, reciclar, recuperar y regenerar, lo que trae consigo beneficios ambientales, sociales y económicos. La adopción de prácticas sostenibles generan una ventaja competitiva frente a clientes, inversionistas y consumidores, quienes son cada vez más conscientes en el ámbito ambiental.

Los impuestos verdes representan una alternativa para diversificar los ingresos de los gobiernos locales, por lo que, es importante implementar estímulos o subsidios vinculados a mejoras ambientales. Los gobiernos estatales en México enfrentan retos estructurales y administrativos para que los impuestos verdes cumplan su propósito, como es el diseño normativo, el fortalecimiento de las capacidades técnicas, la transparencia y la generación de incentivos reales. En el ámbito de la economía circular, aún falta camino por recorrer, principalmente en el fortalecimiento de los marcos legales, la infraestructura para recolección y reciclaje y el fomento de una cultura de consumo responsable. El modelo de economía circular no solamente representa un reto ambiental, sino también una oportunidad de negocio e innovación.

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