México y el mundo
A lo largo de nuestra vida como nación independiente hemos aspirado a tener un lugar especial o aventajado entre los países del continente y del planeta.
“Como México no hay dos”, se dice. Y, desde luego, “México es primero” por su historia, por la belleza de sus paisajes (playas, poblaciones, montañas), por su cultura (literatura, música, pintura), por su riqueza gastronómica, su arqueología, sus numerosas culturas indígenas, sus tradiciones… y su futuro.
En tiempos de Luis Echeverría se hablaba de que podríamos tomar el liderazgo político del Tercer Mundo. Con Carlos Salinas se afirmaba que el país iba a llegar al Primer Mundo en un proceso de modernización institucional y económica. Las aspiraciones se redoblaban con el nuevo Milenio.
Me queda claro que ya traíamos grandes problemas e insuficiencias, pero todo ello se ha agravado estos últimos años. Resalta la debilidad en el crecimiento, la educación, la salud y la inversión pública, al igual que la fragilidad institucional del Estado frente a la corrupción y la expansión del crimen organizado.
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Hoy estamos peor en cada uno de esos puntos y la sociedad más informada tiende a desalentarse ante la incompetencia de la administración pública, que se ha hundido con respecto a anteriores períodos, ahora llamados “neoliberales”.
En el ámbito internacional México ha decaído en su política exterior, su participación en foros regionales y globales, sus reformas anti-democráticas o su imagen general a partir de incontables masacres, campos de exterminio como el del Bajío y asesinatos políticos como el del alcalde de Uruapan o el de un informador clave en la Marina.
Miren, en el extranjero difícilmente se olvidan o se normalizan esos crímenes, e incluso “el mundo ya está volteando a ver la mayor tragedia que afronta el país y que el gobierno se empeña en ocultar: los desaparecidos”, tal como lo precisa el director de Excélsior.
Mediocre, apocado, erróneo e inseguro, el gobierno no tiene una política exterior y nos ha aislado del mundo con su corta visión, sus disminuidas embajadas, sus limitadas participaciones en la ONU, la OEA, Davos o el G20, sus contactos mínimos con naciones importantes y su cercanía con Venezuela, Cuba o Colombia.
Ya hemos hablado en este espacio de nuestro derrumbe generalizado en los comparativos mundiales de corrupción, criminalidad, estado de derecho, salud, educación, democracia, crecimiento económico… No veo temas más relevantes.
En la década de 1980, ojo, los PIB per cápita de Corea del Sur y México eran muy similares. Por una vía de mejor educación y más inversión, su nivel de vida es ahora el triple que el nuestro.
Quiero referirme aquí a la posibilidad de puntos de quiebre, en los que —como decíamos el sábado pasado— las degradaciones se vuelvan insostenibles y el gobierno se vea forzado a realizar cambios más o menos radicales, con un antes y un después.
En ello habrían de influir la necesidad de inversión física del extranjero, la evidencia de decisiones y reformas contraproducentes, la percepción de inseguridad por el dominio del crimen organizado, el manejo inadecuado de la economía y las divisas, la caída sostenida del turismo y el capital extranjero…
Hay excepciones, claro, tales como los logros nacionales e internacionales de ciertas empresas privadas o de ciudadanos en esfuerzos individuales y con apoyos familiares o de la sociedad (deportes, olimpiadas estudiantiles, certámenes literarios).
A raíz de la inestabilidad que se genera al actuar contra el crimen organizado tras no haberlo hecho durante años, estaría incluso en riesgo un evento de la mayor significación en términos de audiencia e impacto económico, el Mundial de Futbol, que este junio tiene programados 13 partidos en nuestras tres principales ciudades. Sería pésimo en términos de imagen, y con las implicaciones de algo que no debería suceder.
* ALGUNOS ESTADOS PRESENTAN UN deterioro tan grande o mayor que a nivel global: Chiapas, Tabasco, Guerrero, Veracruz, San Luis Potosí, Tamaulipas o Sinaloa a pesar de supuestas popularidades por el enorme gasto local en propaganda, regalos y autoelogios, con sus gobernadores actuales o recientes.
* SON DEMASIADOS LOS DISPARATES en boca de la presidenta, como ese de que “En todo el mundo quieren copiar el ‘modelo’ de la 4T”, cuando ésta es ya objeto de burlas internacionales, o como aquel grave desliz en un torpe intento de desafiar a Estados Unidos en el tema del tráfico de drogas.
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