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Playas contaminadas

Por Catón

Abril 02, 2026 03:00 a.m.

A

Rosibel se casó con Eddy Sohn porque era un joven científico de mucho mérito: había inventado un líquido para desaparecer objetos, y seguramente eso lo haría uno de los hombres más ricos del planeta. La noche de bodas Eddy se presentó por primera vez al natural ante su mujercita. Lo miró Rosibel y exclamó llena de aflicción: „¡Ay, Eddy! ¿Te cayó ahí el líquido?”... Aquella guapa chica subió al atestado autobús de pasajeros. Nadie se levantó a ofrecerle el asiento. Un caballero de madura edad le dijo cortésmente: “Señorita: soy demasiada viejo para viajar de pie. Pero también mi avanzada edad me autoriza a hacerle un ofrecimiento: si lo desea puede sentarse en mi regazo”. La muchacha, que iba muy cansada, aceptó el ofrecimiento. Pero los saltos y giros del autobús hacían que el grácil cuerpo de la muchacha se moviera sobre el regazo del veterano. Le dijo éste a la muchacha, lleno de apuro y pena: “Lo siento, señorita. Uno de nosotros tendrá qué levantarse. No soy tan viejo como creía”... La temporada de vacaciones pone de manifiesto año con año un hecho sumamente lamentable: algunas playas de México están de tal manera contaminadas que es peligroso su uso para fines recreativos. Sucede que en algunas de ellas se descargan en el mar las aguas negras de la población, y todos los desechos que se arrojan en los cauces comarcanos van a dar igualmente ahí. Es una pena ver en esas playas, que figuran entre las más bellas del mundo, toda suerte de suciedad, basura y desperdicios. El turismo es fuente muy importante de divisas, pero no estamos cuidando los atractivos naturales que tenemos; antes bien atentamos en mil maneras contra ellos. Los habitantes de los centros turísticos viven básicamente de lo que los visitantes dejan. Deberían ser ellos, entonces, los primeros en preocuparse por las condiciones sanitarias de los sitios de donde obtienen sus ingresos. Cuidemos de la naturaleza, y ella cuidará de nosotros. Si la dañamos, a nosotros mismos nos estamos haciendo daño... Alguien le comentó a un señor: “Veo que su esposa es bastante más alta que usted. ¿Cuántos centímetros le saca?”. Respondió el interrogado: “Somos de la misma estatura, pero cuando se pone la faja crece medio metro”... Un individuo llegó a la casa de cierto amigo suyo. Le preguntó a su esposa: “¿Está Leovigildo?”.  Responde ella: “No. Salió temprano y me dijo que tardará en volver”. Dijo el sujeto: “Ahora que estamos solos quiero decirte que me gustas mucho. Gustosamente pagaría mil pesos por un rato de placer contigo”, “¡Canalla infame! -prorrumpió, indignada, la señora. ¡Sal de aquí inmediatamente!”. “Espera -le pidió el tipo-. Ofrezco entonces 5 mil pesos”. “No deberías proponerme algo como eso -vuelve a decir ella-. Retírate por favor”. “Que sean 10  mil pesos” -ofreció el individuo. “Eso no estaría bien -replicó ya un poco vacilante la mujer. “Entonces 25 mil”. Ella pensó en todo lo que podía comprarse con esa cantidad, y finalmente accedió. El trato se consumó a satisfacción del visitante, que pagó en efectivo la suma convenida. Por la noche llegó el marido. Le pregunto a su esposa: “¿Estuvo aquí mi amigo Libidiano?”. “Sí, -respondió la señora algo nerviosa-. Vino esta tarde”. Pregunta él: “¿Y te dejó los 25 mil pesos que me debía?”... Eran las 12 de la noche cuando el sujeto que estaba en la cantina llamó por teléfono a su casa. “Ya voy, vieja -le avisó a su mujer-. Me acabo de echar el último trago”. Dijo la mujer: “Tienes tiempo de echarte otro, mi amor”. “No, -contestó el marido, extrañado por esa cariñosa respuesta-. Te digo que ya voy”. Replicó la señora: “A ti no te estoy diciendo”... FIN.