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Pimpinela celebra 40 años con concierto en Auditorio Nacional

Pimpinela rindió homenaje a sus padres y compartió historias familiares durante su presentación en México.

Por El Universal

Octubre 27, 2026 02:26 p.m.

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Pimpinela celebra 40 años con concierto en Auditorio Nacional
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      "¡Eso, Lucía, no te dejes!", gritó una mujer desde su asiento mientras Lucía Galán discutía con su hermano Joaquín sobre una infidelidad. La escena provocó risas y aplausos entre el público del Auditorio Nacional, que por momentos parecía olvidar que los protagonistas no eran una pareja, sino dos hermanos argentinos que llevan más de cuatro décadas convirtiendo los conflictos amorosos en canciones.

      Pimpinela y su espectáculo de desamor en México

      Y es que, si algo ha conseguido Pimpinela, es hacer de los reproches, los celos y las traiciones un espectáculo en el que todos parecen tener una historia que contar.

      La noche comenzó con un viaje al pasado. En las pantallas del recinto se proyectaron imágenes de una antigua entrevista en la que Lucía y Joaquín recordaban sus orígenes, desde la llegada de sus padres españoles a Buenos Aires hasta los primeros años en los que comenzaron a cantar juntos.

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      "Porque no cantaban personajes perfectos, cantaban emociones reales", se escuchó en el video que introdujo el espectáculo.

      Minutos después, los hermanos aparecieron vestidos de negro, con detalles dorados, para interpretar "Olvídame y pega la vuelta". Bastaron los primeros acordes para que el público comenzara a cantar una historia que, a pesar del paso de los años, conserva su capacidad para despertar emociones.

      "Hace muchos años tuvimos un sueño Lucía y yo, como hermanos, de llevar nuestras canciones por medio mundo. El sueño se empezó a cumplir y parte de ese sueño, por supuesto, era seguir teniendo un lugar aquí en México", expresó Joaquín.

      El cantante agradeció a los mexicanos por haberles abierto las puertas de sus hogares y sus familias. También preguntó cuántos asistentes acudían por primera vez a uno de sus conciertos y cuántos habían conocido su música gracias a sus padres, dejando ver que entre las butacas convivían distintas generaciones.

      Con canciones como "Vivir sin ti no puedo", "Mírame a los ojos", "Me hace falta una flor", "Cómo le digo" y "Ese estúpido que llama", Pimpinela llevó al escenario las discusiones que han definido buena parte de su repertorio.

      Las interpretaciones, algunas presentadas en versiones abreviadas, estuvieron acompañadas por fragmentos de sus videos originales y actuaciones en las que ambos recreaban los conflictos de sus personajes.

      El público no se limitó a escuchar. Hubo quienes gritaron consejos a Lucía, celebraron sus respuestas y se rieron de las justificaciones de Joaquín, como si presenciaran una discusión real.

      El humor alcanzó uno de sus momentos más celebrados cuando los hermanos comenzaron a debatir sobre quiénes mienten más en una relación.

      "Según esta canción, ustedes, chicas, son mucho más mentirosas que nosotros los hombres", provocó Joaquín.

      "La conclusión no es que nosotras somos más mentirosas que ustedes. Ustedes son más lentos para darse cuenta de las cosas", respondió Lucía, desatando las risas del recinto.

      Joaquín intentó defender a los hombres asegurando que, cuando cometen una infidelidad, lo hacen casi sin querer, siguiendo su instinto animal. Su hermana no tardó en responder con otra broma, antes de que ambos decidieran cambiar de tema.

      Historias familiares y origen de las canciones

      Las discusiones, sin embargo, también dieron paso a recuerdos sobre el origen de sus canciones.

      Joaquín contó que antes de formar Pimpinela cantaba con un grupo de amigos, pero su madre insistía en que debía hacerlo con Lucía. Finalmente aceptó y aquella decisión terminó por definir el futuro de ambos.

      También confesó que muchas de sus composiciones surgieron de las experiencias sentimentales de familiares y amigos, incluida su propia hermana.

      "Venían amigos a casa, familiares a contarnos sus problemas, sus cosas, y al día siguiente eran una canción", recordó entre risas.

      Lucía explicó que, cuando comenzaron a cantar juntos, ella tenía interés en convertirse en actriz, por lo que las composiciones de Joaquín le permitieron combinar la música con la interpretación teatral.

      Aquella mezcla quedó reflejada en temas como "Por ese hombre", "A esa", "Dímelo delante de ella" y "Prefiero estar sola", en los que las discusiones, los engaños y las decisiones amorosas volvieron a ocupar el centro del espectáculo.

      Aunque el desamor ha sido uno de los principales motores de su música, los hermanos también reservaron espacio para hablar de otros vínculos que han marcado sus vidas.

      Antes de interpretar "Se van", reflexionaron sobre el momento en que los hijos crecen y abandonan el hogar para comenzar sus propias historias.

      "Nunca estamos preparados para verlos partir, pero se van de casa y nunca se van de nuestro corazón", expresaron mientras las pantallas mostraban fotografías familiares, entre ellas imágenes de su madre y sus hijos.

      El tono festivo dio paso a uno de los momentos más emotivos de la noche cuando Lucía recordó la historia de sus padres, quienes dejaron España para construir una vida en Argentina.

      Contó que su padre llegó primero al continente americano y que, durante cuatro años, mantuvo una relación por correspondencia con quien después sería su esposa. En 1952, ella también cruzó el océano para reunirse con él.

      La cantante explicó que aquella historia familiar inspiró "El amor no se puede olvidar", una canción dedicada no solamente a sus padres, sino también a quienes han perdido a un ser querido.

      "Esta no es solamente la canción para nuestros padres, sino para todos los seres queridos que han partido, pero siguen junto a nosotros cuidándonos, guiándonos con su luz, con su energía, con su magia", expresó.

      Lucía pidió entonces a los asistentes encender las luces de sus celulares para acompañar el homenaje. Las pantallas y las pequeñas luces entre las butacas sustituyeron por unos minutos las discusiones que habían dominado el concierto.

      La cantante también compartió su cercanía con la Virgen de Guadalupe y contó que cada vez que visita México procura acudir a la Basílica. Incluso agradeció la presencia de representantes del recinto religioso, quienes recientemente les habían permitido conocer más de su historia.

      Después de aquel momento íntimo, el espectáculo recuperó su tono teatral con canciones como "La trampa" y "Hay amores que matan".

      Lucía reapareció con un traje dorado, mientras Joaquín también cambió de vestuario por un saco con detalles brillantes que provocó silbidos y muestras de aprobación entre los asistentes.

      Los hermanos aprovecharon otro de sus diálogos para hablar sobre los prejuicios que todavía existen alrededor de las relaciones entre mujeres mayores y hombres más jóvenes.

      "Cuando es un hombre con una niña joven, todos decimos: 'Qué bien'. Cuando es al revés, empieza un prejuicio, comentarios estúpidos, porque el amor no tiene sexo, el amor no tiene edad, el amor es libertad", reflexionó Lucía.

      Pero entre tantas historias de parejas, hubo una relación que también encontró su lugar en el escenario: la de los propios hermanos.

      Durante "Hermanos", las pantallas mostraron fotografías de su infancia, recordando que antes de los conciertos, las giras y las canciones que los hicieron famosos existían dos niños que compartían una misma familia.

      "Pasó el tiempo, cambió el mundo, cambiaron nuestras vidas, pero hubo algo que realmente nunca cambió: el cariño hacia todos ustedes", expresó Joaquín.

      El músico recordó que desde 1983 México ha sido parte fundamental de su historia y aseguró que, después de tantos años, lo importante no es contar el tiempo transcurrido, sino los momentos compartidos.

      "Cuando miramos hacia atrás no contamos los años. Ningún artista que siente pasión por lo que hace cuenta los años. Contamos solamente los momentos vividos, los abrazos, las emociones", señaló.

      Con "Éramos tan jóvenes", los hermanos volvieron la mirada a sus comienzos, antes de regresar a las historias de desamor que el público esperaba escuchar una vez más.

      Cuando parecía que el espectáculo había terminado, los asistentes comenzaron a gritar "¡otra, otra!", a lo que Lucía respondió con una pregunta que resumió el espíritu de la noche: si querían una canción con pelea o sin pelea: ¡Con pelea!, respondió el público.

      La respuesta llegó entre gritos y aplausos, y el dúo continuó con "Una estúpida más".

      Para entonces, buena parte del público ya estaba de pie, celebrando a los hermanos que durante más de cuatro décadas han conseguido que una discusión amorosa pueda convertirse en una canción compartida por miles de personas.

      Finalmente, con "Cuánto te quiero", una lluvia de papelitos de colores anunció el cierre del espectáculo.