Una oposición sin líder lucha vs. Milei

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AVELLANEDA, Argentina.-Varias noches a la semana, decenas de simpatizantes de la divisiva expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner se reúnen ante el edificio de departamentos de estilo francés en Buenos Aires donde cumple arresto domiciliario, golpeando tambores, haciendo sonar trompetas y coreando: "¡Cristina presidenta!".
Después de aproximadamente una hora, Fernández les da lo que fueron a buscar: sale al balcón del tercer piso —lo más cerca que puede estar de las multitudes de abajo mientras cumple su condena de seis años por corrupción— y saluda con ambas manos.
"No es solo esperanza. Tengo la certeza de que Cristina va a ser liberada y va a volver a ser presidenta", afirmó Graciela Nadal, de 66 años. Nadal mantiene una vigilia diaria afuera de la casa de Fernández junto con otros integrantes del movimiento Cristina Libre, un grupo casi de culto que exige la liberación de la exmandataria.
Más de un año después de que la Corte Suprema ratificara su condena por defraudar al Estado durante sus dos mandatos como presidenta, de 2007 a 2015, y la inhabilitara de por vida para ejercer cargos públicos, Fernández sigue siendo una de las figuras más divisivas de Argentina y la dirigente viva más influyente del peronismo, el movimiento populista.
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