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En su "Mensajero sideral", publicado en Venecia el 13 de marzo de 1610, Galileo Galilei documenta las observaciones que realizó de la Luna, las estrellas y, notablemente, el planeta Júpiter, con un telescopio que él mismo había construído y que aumentaba las imágenes unas veinte veces. Con respecto a Júpiter, escribe: "Hemos contado brevemente lo que hasta ahora hemos observado sobre la Luna, las estrellas fijas y la Galaxia. Falta decir lo que merece ser tenido de máxima importancia en el presente asunto, o sea, revelaremos y daremos a conocer cuatro PLANETAS nunca vistos desde el comienzo del mundo hasta nuestros tiempos, la ocasión de divisarlos y observarlos, y asimismo sus posiciones y observaciones a lo largo de los dos últimos meses más o menos transcurridos, sobre sus movimientos y cambios".
En el "Mensajero sideral", Galileo reporta un total de 48 observaciones, realizadas entre el 7 de enero y el 2 de marzo de 1610. Escribe Galileo: "Así pues, el día siete de enero del presente año 1610, en la primera hora de la noche siguiente, mientras yo contemplaba los astros celestes a través del catalejo, apareció Júpiter, y puesto que yo tenía dispuesto un instrumento suficientemente excelente, comprobé (cosa que antes en absoluto me había sucedido por la debilidad del otro aparato) que lo acompañaban tres estrellitas, pequeñas en verdad , pero no obstante clarísimas, las cuales, aunque se considerasen en el número de las fijas, me produjeron no poco asombro, por el hecho de que parecían dispuestas exactamente en una línea recta y paralela a la eclíptica".
A pesar de su asombro, Galileo no tuvo en ese momento razones para suponer que los puntos luminosos que observó en las inmediaciones de Júpiter no fueran estrellas, como las que tachonaban el cielo. No obstante, las observaciones que realizó en la noche siguiente, "guiado por el destino", mostraron a las tres estrellas en una posición diferente con respecto a Júpiter. El 9 de enero no pudo realizar observaciones, pues el cielo estaba nublado, pero los dos días siguientes pudo comprobar que, efectivamente, los puntos luminosos cambiaban diariamente su posición, siempre en las inmediaciones de Júpiter. De este modo, concluyó: "Por esto, determiné y resolví fuera de toda duda que en los cielos había tres estrellas vagabundas alrededor de Júpiter, a semejanza de Venus y Mercurio alrededor del Sol. Finalmente, después de muchas más inspecciones, esto se me hizo más claro que la luz del mediodía. Y no solo eran tres, sino cuatro los astros vagabundos que efectuaban sus rotaciones alrededor de Júpiter".
El descubrimiento de las lunas de Júpiter constituyó un importante apoyo al sistema solar copernicano, según el cual el Sol ocupa el centro del sistema y los planetas giran a su alrededor. La existencia de dichos satélites demostró que Júpiter constituía, en cierto sentido, un "sistema solar" en miniatura, lo que contribuyó a cuestionar la idea de que la Tierra ocupaba una posición central en el Universo y que, por tanto, todos los cuerpos celestes debían girar a su alrededor.
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En cierto modo, asumir que la Tierra es el centro del mundo y que el Sol gira a nuestro alrededor resulta natural. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento, el Universo suele resultar mucho más complejo de lo que aparenta a primera vista, como descubrió Galileo con su telescopio. Y así lo han demostrado, durante los últimos cuatrocientos años, otros telescopios, cada vez capaces de mostrarnos el cosmos con mayor detalle.
Una adición mayor a los telescopios que escudriñan al Universo es el telescopio "Nancy Grace Roman", lanzado al espacio por la NASA el pasado 30 de agosto. De acuerdo con esta agencia espacial: "El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, tendrá un campo de visión al menos 100 veces mayor que el del telescopio Hubble, lo que le permitirá medir la luz de mil millones de galaxias a lo largo de su vida útil. Este observatorio también podrá bloquear la luz estelar para observar directamente exoplanetas y discos de formación planetaria, completar un censo estadístico de los sistemas planetarios de nuestra galaxia y resolver cuestiones fundamentales en los campos de la energía oscura, los exoplanetas y la astrofísica infrarroja".
El nuevo telescopio de la NASA se encuentra actualmente en camino hacia el punto de Lagrange 2, situado a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en dirección opuesta al Sol. Está previsto que llegue allí en unos tres meses. En el punto de Lagrange 2, las fuerzas gravitatorias del Sol y de la Tierra se combinan de tal manera que el telescopio podrá acompañar a nuestro planeta en su órbita alrededor del Sol.
El telescopio Roman se situará en la misma región del espacio en la que se encuentra otro telescopio de la NASA, el James Webb. Ambos observatorios se complementarán: el Roman podrá escudriñar amplias regiones del espacio en busca de objetos interesantes, que posteriormente el James Webb podrá estudiar con mayor resolución.
Entre los instrumentos del telescopio espacial Roman se encuentra un coronógrafo, diseñado para suprimir la luz de una estrella y permitir así la observación de los planetas que orbitan a su alrededor. En cierto modo, se trata de emular lo que Galileo hizo al observar los satélites de Júpiter, solo que a una escala interestelar.









