La piel de conejo, más redituable que su carne
Con más de 26 años de experiencia, Hugo Rodríguez vende productos de piel hechos a mano en la feria.

Hugo Ramón Rodríguez Martínez, artesano originario de Villa de Pozos, participa en el pabellón artesanal de la Feria Nacional de la Enchilada (Fenae), donde busca comercializar productos hechos a mano, principalmente con piel de conejo.
Con más de 26 años de experiencia en el oficio de la talabartería, relató que su incursión surgió a partir de la crianza de conejos, actividad a la que se dedicaba para la venta de carne en centros comerciales. Sin embargo, ante los bajos precios del producto, decidió aprovechar los subproductos como la piel y las patas, encontrando en ellos una alternativa más rentable.
“Vi que la carne tenía un precio muy bajo, pero al trabajar la piel y las patas la ganancia se incrementaba casi al doble”, explicó.
Ante la falta de personas que enseñaran el proceso de curtido, el artesano optó por aprender de manera autodidacta, complementando su formación con cursos en el Centro de Cunicultura de Irapuato. Con el paso del tiempo, perfeccionó sus técnicas y amplió su producción a pieles de borrego, cabra y vaca.
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Actualmente cuenta con un taller propio, donde elabora una amplia variedad de artículos como zapatos, gorros, chalecos, cinturones, carteras, fundas para celular, llaveros y piezas personalizadas. Destacó que todos sus productos son elaborados completamente a mano, lo que implica procesos que pueden durar varios días.
“Un par de zapatos me puede llevar hasta tres días de trabajo, desde el corte hasta el terminado”, detalló.
El artesano señaló que la demanda de sus productos varía según la temporada. Durante los meses de invierno, incrementa la venta de prendas con pelo, mientras que el resto del año se enfoca en artículos de cuero como cinturones y accesorios.
En cuanto a los precios, aseguró que busca ofrecer opciones accesibles al público, con productos que van desde los 50 pesos hasta piezas más elaboradas que alcanzan los 1500 pesos.
Mencionó que uno de los principales retos que enfrenta el sector es la competencia con productos industrializados y de importación, así como la falta de reconocimiento al trabajo artesanal.
“Lo que está pasando es que se están acabando los artesanos, porque mucha gente no valora el trabajo hecho a mano y opta por productos más baratos”, lamentó.
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