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LA MEMORIA COMO TERRITORIO

Jessica GadGa y Lucía Torres convierten el recuerdo en imágenes que exponen en el Museo de Arte Contemporáneo

Por Estrella Govea PULSO

Julio 13, 2026 03:00 a.m.

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Galeria

¿Qué permanece cuando un recuerdo comienza a desdibujarse? ¿Cómo se transforma una ausencia con el paso del tiempo? Esas preguntas atraviesan La insistencia de la memoria, la exposición de Jessica GadGa y Lucía Torres que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de San Luis Potosí.

Antes de ofrecer respuestas cerradas, la muestra hace un recorrido donde la memoria deja de ser un registro del pasado para convertirse en una experiencia en constante transformación.

Aunque sus lenguajes visuales son distintos, ambas artistas parten de una inquietud común en volver sobre aquello que ha dejado huella. Para Jessica GadGa, la memoria está ligada al duelo, a las personas que ya no están físicamente, pero siguen presentes en la vida cotidiana.

En cambio, Lucía Torres dirige la mirada hacia el interior y hace un ejercicio de revisión personal, un diálogo con las emociones, las voces internas y las experiencias que cada persona carga consigo.

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DOS FORMAS DE RECORDAR

"La insistencia de la memoria es un viaje a los recuerdos, a la infancia, a las personas que ya no están con uno, pero que nos siguen acompañando y siguen siendo parte de este presente", explica GadGa. Esa permanencia también se traduce en la forma de construir sus pinturas. Sus personajes aparecen entre capas de color y transparencias que evocan la manera en que los recuerdos cambian con el tiempo sin desaparecer por completo.

"Mis cuadros tienen muchas capas porque siento que así es la memoria. Se va desdibujando, pero nunca te abandona", comenta. Para la artista, intentar recordar es parecido a perseguir una imagen que nunca termina de fijarse. "Es como un pensamiento, una nube que se va, pero que de todas formas sigue siendo parte tuya".

En la obra de Lucía Torres la memoria también es un territorio cambiante, aunque su punto de partida es diferente. Sus piezas invitan a observar aquello que permanece dentro de cada persona: emociones, inseguridades, deseos y experiencias que continúan dialogando con el presente. "Es echarte un clavado a tus interiores y empezar a revisar todo lo que uno siente, todo lo que uno se dice a sí mismo, todo lo que uno carga", señala.

Ese recorrido interior aparece en personajes que avanzan, se resisten o intentan reorganizar aquello que llevan consigo. En obras como La rejega, la artista representa a una mujer que parece aferrarse al pasado mientras pequeñas figuras la impulsan hacia adelante. "Uno tiene que seguir avanzando. Hay recuerdos que tienes que ir acomodando en tu vida para poder continuar", explica.

EL PUNTO DE ENCUENTRO EN LA MEMORIA DEL OTRO

Aunque la exposición parte de experiencias personales, ninguna de las dos artistas busca que el público conozca su historia antes de acercarse a las obras. Por el contrario, ambas coinciden en que cada visitante completa el sentido de las piezas desde su propia memoria.

"Cuando eres transparente contigo mismo encuentras más reflejo en los demás, porque las vivencias no son únicas. Todos hemos perdido a alguien, todos nos hemos tropezado alguna vez", afirma GadGa. Desde esa perspectiva, una experiencia íntima deja de pertenecer únicamente a quien la vivió para convertirse en un punto de encuentro con otras personas.

Torres comparte esa idea desde otra mirada. "Yo lo que busco es que la persona observe la obra y le haga sentir lo que le tenga que hacer sentir. Hay quienes se identifican, hay quienes se incomodan, pero eso ya está diciendo algo". Para ella, la experiencia del espectador completa el ciclo de cada pieza.

LA MEMORIA EN UN TIEMPO 

ACELERADO

La exposición también hace una reflexión sobre la forma en que recordamos en una época marcada por la velocidad. GadGa reconoce que las redes sociales permiten descubrir realidades lejanas y construir nuevas memorias, aunque también aceleran el consumo de imágenes.

"Vivimos muy rápido y por eso creo que los pintores ya somos poquitos. Nosotros tardamos mucho en decir algo que para alguien más puede ser muy efímero", comenta.

En ese contexto, La insistencia de la memoria propone detenerse, no para recuperar el pasado tal como ocurrió, sino para reconocer que los recuerdos cambian, se mezclan con el presente y adquieren nuevos significados con el tiempo. En las obras de Jessica GadGa y Lucía Torres, la memoria no aparece como un archivo inmóvil, sino como una materia viva que sigue transformando a quien recuerda y a quien observa.

RECORDAR TAMBIÉN 

ES TRANSFORMARSE

Más que recuperar el pasado tal como ocurrió, las artistas entienden la memoria como un proceso que cambia junto con quien recuerda. Los recuerdos permanecen, pero también se reorganizan, adquieren nuevas lecturas y ayudan a comprender el presente.

En el caso de Lucía Torres, ese proceso implica revisar la propia historia para seguir adelante. "El pasado es todo lo que uno ya trae consigo mismo. La pregunta es cómo logras acomodar todo lo que cargas para vivir el presente", reflexiona. Esa idea atraviesa buena parte de su obra, donde los personajes parecen debatirse entre permanecer en un lugar o avanzar.

Jessica GadGa coincide en que volver al pasado no significa quedarse en él, sino comprender aquello que ha dado forma a la identidad. "Entre más creces, más tratas de jalar el hilo de eso que te formó. Tratas de entender por qué estás aquí, por qué piensas así y por qué estás viviendo ciertos momentos", señala.

Desde esa perspectiva, La insistencia de la memoria no es solo una mirada nostálgica sobre los recuerdos. La exposición sugiere que recordar también implica reinterpretar, reconstruir y encontrar nuevas formas de habitar aquello que permanece.

Las obras de Jessica GadGa y Lucía Torres convierten la memoria en un espacio abierto donde el pasado dialoga con el presente y donde cada visitante encuentra un reflejo distinto de su propia historia.