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Confesemos (8)

Por Carlos Pérez García

Julio 25, 2026 03:00 a.m.

A

Continúo hoy con la serie de recuerdos o memorias que he estado publicando estas últimas semanas a excepción de algunas en que regreso a mis columnas usuales.

* VOY A REMEMORAR AQUÍ la figura del mejor funcionario que conocí en el sector público mexicano, Arsenio Farell Cubillas, quien fue mi jefe —o jefe de mi jefe— durante más de 8 años en dos sexenios.

A lo largo de casi 3 décadas y 5 presidentes fue titular de importantes organismos y dependencias: en el Gabinete, secretario del Trabajo y Previsión Social en dos ocasiones (1982-88, 1988-94) y secretario de Contraloría (1995-2000).

Ya era reconocido como abogado, maestro en la UNAM o director general de la CFE (1973-76) y del IMSS (1976…) cuando Emilio Lozoya Thalmann me invitó a su equipo como Jefe de Servicios de Planeación en el IMSS (áreas Actuarial, Estadística y de Estudios Económicos). Allí empecé a tratarlo y, poco a poco, me permitió integrarme.

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Desde un principio me impresionó su capacidad con estrategias y objetivos muy claros, o su disposición para aprender de temas tan diversos como medicina, economía o deportes, en los cuales se metía y luego lideraba con sorprendente comprensión.

Aunque actuaba con dedicación y profesionalismo, igual se daba sus mañas al negociar y lograr acuerdos por distintas vías. Casi siempre predominaba, pero también sabía ceder. La Ley o los contratos colectivos no los discutía, sólo buscaba su cumplimiento.

Era muy exigente a cualquier hora de sus largos días y, aunque muchos le temíamos, me fue dando confianza para cumplirle cada vez mejor. Incluso quise copiarle varias artimañas.

Cuando lográbamos algo importante, sólo festejaba un ratito… y decía vamos a seguirle. Nunca se la creía ni aflojaba, y en cada ocasión buscaba nuevos desafíos. Hasta en el futbol nos fue bastante bien de segunda a primera división, con los equipos Oaxtepec y Atlante.

Su honradez no dejaba dudas, al igual que su seriedad y severidad, si bien a veces nos descontrolaba con sus bromas y ocurrencias. Era visionario, valiente y sacrificado en la búsqueda de resultados, pero no se inmolaba y sabía cuidarse. Miren, disfrutaba lo que hacía y lo hacía bien.

Aportaba mucho a los presidentes y se dejaba ayudar. También fui notando que su fama de duro no dejaba ver un gran corazón. Claro, como todos tenía virtudes y defectos. Lamento, eso sí, que tiempo después ya no lo pude ver.

Junto a Antonio Ortiz Mena, Jesús Reyes Heroles, Ernesto Uruchurtu, Jaime Torres Bodet o Antonio Carrillo Flores, pienso que el licenciado Farell está entre los más distinguidos miembros del Gabinete Presidencial en la historia.

Al ser hijo de padre y madre nacidos en el extranjero, la Constitución no le permitía llegar a Presidente, aunque se le consideró en varias sucesiones.

Lo recuerdo con cariño, admiración y agradecimiento.

* LA SECCIÓN SOBRE ANÉCDOTAS está dedicada en esta ocasión a vivencias reveladoras con el propio don Arsenio, quien era todo un personaje.

1. Al llegar a la STPS me llamó a una reunión con don Fidel Velázquez, el legendario líder obrero, en un recoveco medio secreto del edificio principal de la dependencia, que años antes había habilitado Porfirio Muñoz Ledo. Ese edificio colapsó en el terremoto de 1985, pero ¡poco antes AFC decidió que nos cambiáramos a las instalaciones del Ajusco!

En la plática entre ellos (casi no abrí la boca) me presentó como jefe de estudios económicos (cargo inexistente), y durante más de una hora sólo disfruté y asimilé.

2. Igual está el caso de su comparecencia ante el pleno de la Cámara de Diputados. Atrás de él, con nuestra vista hacia el impresionante auditorio, estábamos para apoyarlo un funcionario ya mayor que dominaba la Ley Federal del Trabajo, y yo con muchas tarjetas sobre temas de economía laboral.

Casi no bebí líquidos en el desayuno para no tener que ir al baño, pues estuvimos 6 horas sin movernos del escenario. La tensión pesaba, pero él requirió poco apoyo ya que contestaba todo, incluso con su imaginación. Si acaso un diputado panista preguntó algo sobre capacitación de lo cual no teníamos idea, entonces me hizo señas con la mano a sus espaldas. Yo no traía nada específico y le anoté rápido lo que se me ocurrió en mayúsculas. Le pasé la tarjeta… y ya él supo apantallar con su elaborada respuesta.

3. En fin, fueron muchas las vivencias que revelaban su experiencia y conocimiento, su perspicacia y hasta su lado humano. Pero no nos caben ahora aquí.

cpgeneral@gmail.com

X: @cpgarcieral y Fb: carlosjavierpérez