Familia y escuela Capítulo 285: La educación y el proceso de deshumanización
Tal parece que el proceso educativo escolarizado y el de formación que se promueve de manera diversificada en diferentes grupos sociales, entre ellos las familias, se ha quedado inerte y desfasado ante el vertiginoso avance de las distintas realidades tecnológicas en los contextos en donde éstas se llevan a cabo.
La educación, aquella que tiene como objetivo primordial el desarrollar y potenciar todas las facultades del ser humano, para la búsqueda de la felicidad y bienestar mediante el uso y aplicación de los conocimientos científicos, acompañado del equilibrio con la naturaleza y los valores sociales, así como con la práctica de actitudes de solidaridad, justicia y equidad para el bienestar común; pues bien, ésta se ha visto inmersa en una dinámica evolutiva de la ciencia y la tecnología, la cual la ha llegado a alejar paulatina e irremediablemente de su objetivo principal.
Desde luego que los avances científicos, tecnológicos y cibernéticos han sido una muestra de lo que el intelecto y las capacidades del hombre han podido crear en beneficio de la humanidad; simplemente los campos de la medicina, la ingeniería, la comunicación y en general todas las áreas que acompañan el día a día de la convivencia social, no se podrían entender sin este desarrollo; sin embargo, estos portentosos progresos han dejado en la comodidad y en algunos casos en desuso diversas facultades que son inherentes al ser humano y que forman parte del proceso educativo en cualquiera de sus formas.
Para el caso de la educación escolarizada, desde mediados del siglo pasado, ya se venían presentando diversas tendencias que pretendían influenciar mecánicamente este proceso, iniciando una despersonalización y, sobre todo, una suplantación de las cualidades humanas dedicadas para el aprendizaje mediante lo que se conoció como: tecnología educativa, la cual ofrecía todo un apoyo importante con recursos novedosos, aparatos y aplicaciones para la enseñanza y aprendizaje de los contenidos abordados entre maestros y alumnos.
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Lentamente se comenzó entonces con la suplantación mecánica de habilidades básicas como la suma, resta, multiplicación y división, las cuales fueron delegadas a un instrumento (Texas instrument) que de manera infalible calculaba en cuestión de segundos todas esas operaciones, incluso las tareas y cálculos más complejos, otorgando un apoyo para el desarrollo de trabajos sencillos hasta aquellos con alto grado de dificultad pero que, al mismo tiempo, representaba el otorgar total confianza a un aparato que a la capacidad de comprender, analizar y efectuar una operación producto de la mente humana.
A partir de este momento, la educación, bajo la premisa de una calidad educativa y en afán de no verse vergonzosamente desfasada ante la modernidad, se fue adaptando a todos los procesos de actualización y creación de aparatos, aplicaciones, algoritmos y fórmulas que ofrecían, cual “pócima mágica” la solución a diferentes necesidades mediante la simplificación y reducción en tiempos y procedimientos, otorgando ciegamente la confianza a todos estos artilugios mecánicos y cibernéticos.
Ha llegado a tal grado la colaboración educativa en esta fase de deshumanización, sobre todo en lo referente a las tareas del pensamiento, creatividad, aplicación práctica de los conocimientos y comprensión de procesos fundamentales que, hemos cedido todas estas cualidades humanas a los elementos y artefactos virtuales y digitales infalibles, hasta llegar a lo que hoy se conoce como: Inteligencia Artificial (IA), la cual es capaz de crear materialmente todo lo que se le encomiende, “facilitando” las tareas de las personas, al tiempo que les omite su capacidad creativa.
El potencial que la educación debió fomentar en los alumnos, mediante procesos que impulsen todas sus áreas y dimensiones, se ha reducido en la mayoría de los casos al desarrollo de actividades mecánicas, automatizadas y verificables cuantitativamente; pero, además, ya no se confiere únicamente a las escuelas, por si no nos hemos dado cuenta, ellos son muy inteligentes y han desarrollado acciones que, paralelamente a su asistencia a los planteles, les permiten absorber contenidos mediante la pantalla del aparato celular y de esta manera han sido “atrapados” por todos los contenidos digitales.
Esta evolución del rol de muchos de los alumnos los ha llevado a renunciar a su categoría de humanos con capacidades integrales hasta convertirse cómodamente en humanos digitales, utilizando su magnífica inteligencia en “firmar el contrato” con la inteligencia artificial, cediéndole a ésta todos los derechos de autor, así como el renunciar a la capacidad de pensar, crear, imaginar, innovar, analizar y, en fin, a todas las cualidades que nos caracterizan como seres pensantes, cediéndolas incondicionalmente a un ente virtual.
Esta “comodidad” que se ha creado al contar con la automatización y mecanización de todos los procesos necesarios para la vida en sociedad, ha llegado al interior de los hogares y familias, determinando en buena medida la dinámica entre sus miembros; en efecto, por la llamada inteligencia de las cosas, ha estado paralelamente restando operatividad a la inteligencia humana.
No importa saber cómo ocurren los procesos automáticos en el hogar, lo verdaderamente relevante para las familias es que reduzcan el trabajo y aumente la comodidad; es un hecho que no se comprende su funcionamiento, mucho menos si afectan al medio ambiente, simplemente se apachurra un botón y ocurre; se presiona una tecla y se enciende la luz, la lavadora y secadora de ropa o de trastes; se cocina la comida en tiempo determinado en los diferentes tipos de hornos; se programa una alarma para el cierre de entradas en la casa, se encomienda a aparatos robotizados la limpieza y así con todos las funciones en la vivienda.
No nos dimos cuenta a tiempo que nos estamos deshumanizando y que el proceso educativo y formativo ha colaborado con ello; cobijado en la bandera del progreso, la tecnología, los avances científicos y cibernéticos nos hemos olvidado del objetivo original de la educación al ceder su encomienda, la cual pretendía desarrollar todas nuestras facultades, pero que a fin de cuentas ha reducido y dejado de lado la característica del pensamiento como una de las cualidades más importantes de nuestra especie.
Comentarios: gibarra@uaslp.mx









