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Vox populi vox Dei

Por Catón

Octubre 18, 2026 03:00 a.m.

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      Era el primer día de Heréctor en el club nudista. Sentado en una banca del jardín vio venir a dos hermosas socias de ondulantes caderas y senos oscilantes. La visión de los encantos de las bellas mujeres provocó en Heréctor una conmoción de entrepierna que lo apenó, así que se puso un periódico delante para ocultar esa perturbación. Le dijo una de las chicas: "Qué interesante. ¿Cómo la enseñaste a leer?"... Don Salacio contrató a una sexoservidora. Le preguntó: "¿Conoces bien tu oficio?". Respondió la perendeca: "Al derecho y al revés". "Bien -dijo don Salacio-. Por esta vez lo haremos al derecho"... Antiguamente se decía que una mujer se entregaba por tres motivos: por inocencia, por indigencia o por insistencia. El primer motivo fue causa de que la linda Dulcibel se viera en la habitación número 210 del Motel Kamawa en brazos de Libidio, labioso seductor. Acabado el consabido trance la joven exclamó, llorosa: "¡No supe lo que hacía!". Acotó Libidio: "Pues para no saber lo que hacías lo hiciste bastante bien"... Quizás hago lesión a la caridad cristiana, pero no incurro en agravio a la verdad si digo que Uglicia era muy fea. Una amiga le preguntó, curiosa: "La primera vez que tuviste sexo con un hombre ¿lo hiciste por amor o por dinero?". "Por dinero -respondió Uglicia-. Le pagué"... Cervantes, el inmortal creador de don Quijote, tuvo una vida llena de duelos y quebrantos. Fue soldado, y resultó herido en la batalla de Lepanto. Sufrió prisiones y penas familiares. Conoció el rigor de la pobreza. Todo eso le dio una sabiduría de la vida que reflejan sus obras y sus opiniones. En su tiempo el oficio de la alcahuetería era mal visto. Se le equiparaba con la prostitución. Sin embargo, don Miguel dijo que las alcahuetas eran necesarias en toda república bien concertada, pues servían de eficaces mensajeras entre enamorados. Lo mismo debe haber opinado de las rameras, así llamadas porque en la puerta de las casas putañeras se ponía un ramo de hierba verde. Sucedió que el padre Arsilio, cura párroco del pueblo, supo con desazón y angustia que se iba a instalar ahí una casa de mala nota. Preocupado por la salvación de las almas que le habían sido encomendadas reunió en la iglesia a sus feligreses varones, y desde el  púlpito les predicó: "Hijos míos: ese lugar de lenocinio será para vosotros ocasión pecaminosa de carnalidad y de fornicio, de lúbrica libídine lasciva y de erótica y voluptuosa concupiscencia pasional. He redactado un ocurso memorial dirigido al alcalde a fin de que niegue el permiso para que se establezca aquí ese lupanar, mancebía, burdel, manfla, zumbido o casa de asignación. Os he llamado para que firméis la petición". "Un momento, señor cura -levantó la mano Volterino, que pese a pertenecer a la parroquia tenía ciertos tufos de librepensador-. Los mexicanos vivimos todavía en una democracia, no obstante lo que la 4T ha hecho para acabar con ella. (Murmullos de aprobación y aplausos contenidos). Propongo que llevemos a cabo una votación para determinar quién está a favor de que se ponga dicho establecimiento y quién se opone a él". (Gritos de "¡Sí, sí!" y ovación cerrada). El padre Arsilio, aunque no era jesuita, disimuló su contrariedad y dijo: "Vox populi vox Dei. La voz del pueblo es la voz de Dios. Hágase esa votación". Se repartieron las boletas -Volterio las llevaba ya consigo- y, después de que los feligreses sufragaron, el escrutador nombrado al efecto dio a conocer el resultado del proceso. A favor de que se pusiera el congal: 230 votos. En contra: 2 votos. Se puso en pie Volterio y clamó indignado: "¡No es justo! ¡El cura votó dos veces!"... FIN.